Un nuevo Contrato Social que excluye a las mujeres (otra vez)

No soy la primera que repara en este tema. Ha habido algunas voces que lo han abordado ya, pero, como es habitual, no se les presta demasiado atención porque se dice que exageran. Pues voy a entrar en el cupo de las exageradas para que, en el futuro, si el nuevo régimen se implanta internacionalmente, y alguien busca si hubo alguien que escribiera sobre lo que se avecinaba,  encuentren en este pequeño rincón una voz que ya lo advirtió: se está fraguando un nuevo Contrato Social que excluye de nuevo a las mujeres.

El Contrato Social es un acuerdo tácito que se instauró en el siglo XVIII, inspirado por los filósofos, sobre todo por Jean Jacques Rousseau, que defendía la igualdad de todos los hombres y el derecho de ciudadanía. Como bien sabemos por la lectura de Emilio o la Educación (1762) este libro hablaba de los hombres, y excluía de esta ciudadanía a las mujeres, a las que relegaba a la tarea de atenderlos y cuidarlos desde su nacimiento a su muerte. Este Contrato Social , que podría haber supuesto la equiparación de hombres y mujeres y el socavamiento del patriarcado no hizo más que afianzarlo.

Las mujeres han luchado por el derecho a ser ciudadanas desde aquel mismo momento, o incluso antes, y ahora, cuando los logros del feminismo y su extensión global empezaba a resquebrajar el sistema patriarcal, un nuevo proyecto de Contrato Social va a volver a reforzarlo. ¿En qué consiste este nuevo Pacto y quienes son las partes contratantes?  Pues los mismos que ya instituyeron el primigenio: los varones que tienen el poder (gobiernos, instituciones, empresas, medios de comunicación) en alianza con un reducido pero poderoso grupo de impulsores del transgenerismo, fundaciones filantrópicas, la industria farmacológica y la biotecnológica.

El objetivo central de este nuevo Contrato Social es que desaparezca la noción de sexo biológico, por lo que al disociar el cuerpo sexuado de la categoría hombre o mujer, esta diferencia ya no tiene sentido.  Somos cuerpos indistintos, y solo la autopercepción individual decantará si quieres performar como varón o como mujer, reforzando los estereotipos asociados culturalmente a uno u otro género. Este nuevo Contrato Social que se está fraguando vuelve a excluir a las mujeres, pese a lo que muchas puedan creer. Quienes están en la cúspide y dirigen la instauración del nuevo régimen son varones, algunos auto determinados como mujeres, y otros no.

Las voces que cuestionan este nuevo sistema que se quiere imponer están siendo silenciadas, hostigadas y desprestigiadas mediante la acusación de transfobia, delitos de odio, etc. pese a que lo único que hacen es estar en desacuerdo con que el sexo biológico sea irrelevante. Si lo es,  todas las políticas, reivindicaciones, luchas y logros de las mujeres (cuya subordinación y desigualdad están basadas en el sexo) dejan de tener sentido. Para asegurar que no haya oposición, se preparan leyes que castiguen la disidencia.

Mucha gente cree que este movimiento pretende proteger al grupo más vulnerable, que lucha por los derechos humanos del colectivo trans (cuyo nombre resulta intencionalmente ambiguo, pues todas las personas podríamos pertenecer a él) y cuyas repercusiones no van a afectar al resto de la sociedad. La gente en la calle no tiene ni idea de lo que va el tema y cree que no va con ellos.

Craso error. Este nuevo Contrato Social no solo no va a mejorar la vida de las personas transexuales (que de hecho desaparecen, como las lesbianas, homosexuales o bisexuales) ya que de lo que se trata es de eliminar por completo toda referencia a la realidad material sexual, sino que va a hacer imposible definir los problemas de las mujeres, analizar la desigualdad por razón de sexo a la vez que contribuye a desactivar el feminismo al negar la jerarquización sexual.  Ítem más, va a suponer la creación de un ejército de adolescentes confusos con su orientación sexual y descontentos con su cuerpo a los que se les va a vender la ilusa idea de que pueden cambiar de sexo a voluntad.  ¿Dónde están las mujeres en la instauración de este nuevo régimen social?  Algunas están siendo cómplices por ignorancia o por exceso de buena fe. Al resto, ni están ni se las espera.


¿Paridad basada en qué?

Hay un tema en el que creo que nadie piensa demasiado. La mayoría de las personas estoy segura de que están de acuerdo en que haya igualdad entre hombres y mujeres, y que es deseable que haya paridad en todo tipo de instancias: parlamentos, ayuntamientos, consejos de administración, medios de comunicación, etc. Cualquiera aceptaría esta premisa: que haya una presencia de un 40/60 (más o menos, de cada sexo).

Y aquí empieza el problema. ¿La paridad tiene que venir dada por el sexo de las personas? Pero si el sexo se difumina, si se hace irrelevante y según las últimas leyes y propuestas la autodeterminación es un derecho “inalieable” de las personas… ¿En base a qué o cómo se verá afectada la paridad? ¿Como vamos a seguir defendiendo el concepto de paridad, si ya no existen las mujeres y hombres definidos por el sexo?

Si cualquier persona se puede autoidentificar con un sexo y constar como tal aunque haya nacido con el contrario, es decir, si varones que se autoidentifican como mujeres pueden constar legítimamente en el recuento de mujeres en cualquier tipo de listado…¿cómo vamos a poder seguir apostando por la paridad? ¿Con qué argumentos defenderemos la paridad si podría darse el caso de que un organismo fuese paritario sólo con que hubiera presencia de un porcentaje de hombres biológicos más otro porcentaje de varones autoidentificados como mujeres?

Una de dos: o la paridad se sigue basando en el sexo biológico real o no tiene sentido seguir defendiendo este criterio de representación. No se puede defender una cosa y su contraria. Si la paridad ha sido un concepto para fomentar la igualdad entre los sexos en cualquier ámbito de la vida, lo que es ilógico es que esa paridad se pudiera alcanzar sin presencia de mujeres, o solo contando con varones que se autoidentificaran como mujeres. ¿Ven el contrasentido de todo esto? ¿Como vamos a seguir llamando “democracia paritaria”, por ejemplo, a una realidad donde el sexo fuese irrelevante y pudiese ser constituida por personas de un único sexo biológico?

La autodeterminación de sexo no resiste el más mínimo análisis racional y dinamita toda explicación sobre la desigualdad estructural que se ha erigido a causa de nuestros cuerpos sexuados. ¿Cómo cree nuestra clase política -si es que se puede llamar así a la actual camada de representantes- que se ha mantenido, por ejemplo, la violencia contra las mujeres? ¿Basándose en qué? ¿En qué creen que se ha basado el dominio patriarcal? Y toda esta estructura milenaria hay quien considera que se va a derrocar porque cuatro varones se suban a una tarima calzando tacones o salgan en televisión con los labios pintados afirmando que son tan mujeres como la que más. Todavía estoy esperando un mínimo análisis que nos explique las experiencias que han compartido con estas para afirmar que son parte de ese sexo al que niegan su materialidad. Y de los y las líderes políticas que nos aclaren en qué creen que se basa la desigualdad de las mujeres, o si es que quizá creen que se debe a la altura de los tacones o a la intensidad del carmín.

¿Cual es la consecuencia de todo este despropósito? La aniquilación de las nacidas hembras. ¿Y por qué? Porque sin haber desterrado la desigualdad entre unos y otras no es posible hacer tabula rasa, esto es, como si partiésemos en igualdad de condiciones.Tras trescientos años de lucha por la emancipación, volvemos al punto de partida: ya no seremos el segundo sexo, que habrá dejado de existir, seremos el segundo género. El patriarcado habrá triunfado de nuevo, y de nuevo con la complicidad de las mujeres. Pregunto a todas las adalides de la autodeterminación de sexo, ¿cómo creéis que vamos a acabar con el sistema patriarcal si se sigue incentivando que complacer a los demás es nuestra máxima prioridad?


Provocar el problema, ofrecer la solución

De insatisfacciones provocadas sabemos mucho las mujeres. Es un camino largo que requiere de un trabajo constante de persuasión en el que se ven involucrados muchos actores. El mayor éxito de este proceso fue convencer a la mitad de la humanidad de que era inferior a la otra mitad, favoreciendo la creación de lo que hemos llamado el sistema patriarcal, aunque en este caso no sólo se ha recurrido a la persuasión, sino a la coacción y a la violencia hasta naturalizar la injusticia. Pero eso es harina de otro costal.

El brazo ejecutor de atizar las insatisfacciones ha sido con frecuencia la publicidad, pero el verdadero origen es la creación de una ideología que empieza a extenderse sutilmente auspiciada por intereses económicos en connivencia con los políticos. Así, la industria de la belleza y la moda se ha sostenido incentivando la insatisfacción de las mujeres con sus cuerpos, pero antes de ello hubo una labor de persuasión para convencer a la sociedad de que a ellas se las valoraría por su apariencia.

Parte del proceso de persuasión consiste en hacer ver que hay imperfecciones corporales que se pueden y deben mejorar para evitar la sanción social. Los primeros anuncios publicitarios de cremas depilatorias de 1930 pusieron el acento en que las mujeres que no se depilaban eran descuidadas e indecentes, y que ver el vello en las axilas femeninas horrorizaba a los hombres. De ahí, naturalmente se extendió el pánico a tener pelo en cualquier lugar del cuerpo que no fuese la cabeza. A las mujeres nos ha ocurrido que a más derechos conquistados, menos pelo. Y no me hagan decir dónde.

Primero se crea la insatisfacción, y luego aparecen milagrosamente las soluciones. Ahora le toca el turno a provocar la insatisfacción con el sexo biológico con el que se nació para crear un ingente ejército de insatisfechos que creen vivir en un cuerpo que no les corresponde. Pongamos en circulación que el sexo biológico es un constructo, que no existe, que se puede elegir, que lo podemos cambiar, que es un derecho humano inalienable. Empecemos la correa de transmisión: elaboremos una teoría, cuanto más extravagante mejor, que seduzca a los intelectuales, empecemos a difundirla en libros, publicaciones, congresos, seminarios. Las instituciones y organismos comprarán el discurso porque lo ha elaborado gente muy sabia, con palabras muy rimbombantes, con mucha bibliografía detrás. Difundamos urbi et orbi que hay un cambio de paradigma, que suena genial.

Los partidos políticos, deseosos de captar adeptos incluirán sus propuestas en sus programas electorales; utilicemos la nueva jerga, adulemos los oídos de nuestros feligreses. Inundemos las páginas de los diarios, las pantallas de televisión, los seriales y los videoclips con la buena nueva. Publicitemos caras de famosos que se apuntan al carro por dinero o por celebridad. Sigamos con personas desconocidas, a ser posible jóvenes en formación que han experimentado el cambio con cara de inmensa felicidad.

Ya hemos creado el problema. Ahora toca ofrecer la solución. Y ahí, a la que salta, está la industria farmacéutica, la cirugía plástica, la investigación biotecnológica, el largo brazo del interés económico siempre dispuesto a encontrar incautos a los que desangrar.  Ya solo falta que las masas enfervorecidas tilden a quien se oponga a tan beatíficos postulados de reaccionario, de nazi, de traidor.  Y la guinda de todo es que la gente crea que no hay imposición social, sino que todo es producto de la libre elección.


Esto no iba a pasar

Después de casi dos años de haber vivido de alquiler, vuelvo a mi antiguo hogar, Eva devuelve la costilla, no por mi voluntad, sino porque me han desahuciado del blog con el que colaboraba en Público.es. Me gustaba escribir una columna semanal bajo el título genérico de Cuarto y mitad, pero se ve que mis reflexiones no han sido suficientemente interesantes o valiosas para este diario, porque sin darme demasiadas explicaciones han decidido prescindir de mi colaboración.

No ocultaré que me siento desilusionada, pues creía que la cita semanal con la audiencia de Público era muy bien valorada a juzgar por los comentarios que me llegaban, tanto a Twitter como a Facebook. Nunca tuve retroalimentación por parte del diario de si la columna era bien o mal recibida, pero siempre las escribí con la ilusión y la esperanza de ofrecer reflexiones que pudieran ayudar a quienes me leyeran a formarse un juicio razonado de los diferentes asuntos de actualidad, especialmente el relacionado con la situación de las mujeres, que es el tema que me ha motivado y me continuará motivando hasta el último aliento. O hasta que me cierren el blog.

Ahora toca ser trans y estar en esta onda si no quieres verte reducida al ostracismo, ser tildada de tránsfoba y reaccionaria. Los postulados del feminismo clásico, según dicen, están emparentados casi con los planteamientos de Vox. Pues vale, ellos ganan. Que se aprueben leyes de autodeterminación de género como la aprobada en Canarias por unanimidad, en bloque, sin la menor discrepancia.

Una de dos: o todos creen honestamente que el sexo biológico no importa, que no existe y que cada uno puede autoidentificarse como quiera, o bien les parece que aprobar esto es una cuestión menor, peccata minuta, una irrelevancia que no va a tener consecuencias y quedas estupendamente de cara a la galería. La verdad es que tiendo a pensar que es esto segundo lo que sucede, que en realidad no les importa la enjundia del tema, que les da igual el impacto que tenga en la vida cotidiana, que no tienen ni idea de lo que representa; remar a favor de la corriente dominante es mucho más fácil y no les crea ningún problema. ¿Desagregar los datos por sexos, para qué, por ejemplo, como pide una profesora de Alicante? Mejor no, y así eliminamos de un plumazo la desigualdad, como están a punto de hacer en Argentina. Me comentan que incluso ya están rechazando textos en revistas porque desagregar los datos por sexo es transfobia.

¿Para qué va a perder nadie cinco minutos en pensar exactamente qué quiere decir la autodeterminación de sexo? ¿Para qué vamos a pensar en cómo se podrá perseguir el fraude si la elección de sexo solo depende de la voluntad del individuo? ¿Por qué nos vamos a preocupar de que no haya que acreditar ninguna condición ni circunstancia para cambiar el sexo registral si nadie lo va a hacer por capricho? Confiemos en la buena voluntad de los trans, porque en este país no hay nadie que defraude a hacienda, que cobre en negro, que intente aprovecharse de los resquicios legales, que intente pagar menos impuestos de los que debe; nadie se va a cambiar de sexo para aprovecharse de ciertas ventajas, en qué cabeza cabe. Sin embargo, el asesino de Vanesa Santana, Jonathan Robaina, no ha dudado en reclamar que le llamen Lorena una semana después de aprobada la Ley Trans Canaria si eso le sirve para mejorar su situación procesal. Pero claro, #EstoNoIbaAPasar porque en este país todos somos muy buenos, cumplimos las leyes a rajatabla y nadie se aprovecha de las grietas del sistema.

En fin, que con su pan se lo coman. Seguiré escribiendo lo que pienso en otros medios o en este blog, mientras me lo permitan y el cuerpo aguante. Algún día, quizá dentro de cinco, diez, quince o cien años alguien rescatará lo que las feministas defendíamos y las reflexiones que hacíamos, y los argumentos que dábamos, y no tendrán más remedio que darnos la razón. El emperador está desnudo, y nadie nos va a hacer creer que lleva un espléndido vestido cuando es más que evidente que se le ven las pelotas.


Continúa la colaboración con Público.

Como comenté en mi anterior entrada, desde hace uno año colaboro en el Diario Público.es con una columna semanal, por lo que no es necesario repetirlas aquí.

Pongo en enlace a mi nueva uicación para que podais seguir leyendo mis reflexiones. Muchas gracias por el interés mostrado.

https://blogs.publico.es/cuarto-y-mitad/


De mudanza

Hace dos meses que inicié una colaboración semanal con el diario Público. Así que a partir de agosto de 2019, las columnas que solía publicar en este blog se pueden leer en Cuarto y mitad . Mi querido blog Eva devuelve la costilla ha sido una estupenda plataforma para expresar mis opiniones, pero espero que en el diario Publico.es  pueda llegar a más personas, lo cual sería mi deseo. Y mantener dos columnas simultáneas parece un esfuerzo que no sé si podría mantener.

Seguiré fiel a mi estilo y mi pensamiento. Os espero en Cuarto y mitad.


La falacia de la igualdad

Es una mentira como una catedral. La igualdad es una inmensa fabulación que nos tiene deslumbradas y que sirve para acallar las protestas, debilitar las críticas, silenciar las demandas, aquietar las exigencias. Bajo el espejismo de la igualdad tenemos que enmudecer, pues es una evidencia que formalmente hombres y mujeres tenemos los mismos derechos y deberes (en nuestra área cultural, no en todo el mundo). Sin embargo, este discurso igualitarista es una falacia pues la sociedad sigue manteniendo unas infranqueables desigualdades entre los sexos, que se perpetúan y reproducen en las mentalidades e imaginarios colectivos: la sexualidad no es equiparable entre hombres y mujeres, lo que en unos es motivo de jactancia y orgullo en las otras es reprobación (véase el caso de la trabajadora de Iveco); si la paternidad convierte a los hombres en trabajadores responsables y fiables, en las mujeres se trastoca en desventaja y menoscabo; mientras los hombres transitan por los lugares públicos con seguridad y arrogancia, las mujeres caminan con miedo y prevención.

Envejecer es causa en las mujeres de oprobio y ostracismo, mientras ellos se convierten en individuos valorados por su estatus y distinción. Los medios de comunicación, la publicidad, el cine, los videojuegos, la música y todos los discursos simbólicos enaltecen a la mujer joven, bella y sexy, mientras que los hombres pueden aparecer vestidos de pies a cabeza y sin gracia alguna en cualquier producto cultural, desde la música clásica al  raggeton. ¿Qué lección estamos dando a las jóvenes generaciones, niñas y niños, adolescentes, jóvenes de ahora, hombres y mujeres del mañana? Que la igualdad es un engañifa para mantener las apariencias, mientras las desigualdades más abyectas se perpetúan sin que nadie repare en la gravedad de la situación. Esta es, a mi juicio, tarea del feminismo, pero como las feministas de ahora están enfrascadas en sus discusiones sobre las identidades, el género, lo queer, el empoderamiento y la libre elección, mucho me temo que vamos a seguir fingiendo la igualdad por los siglos de los siglos. Amén.


Los animales primero

Yo no sé si lo mejor es hacerme un Reset completo, actualizar mi sistema operativo (como hacía el protagonista del corto Compatible de Pau Bacardit, que por cierto es mi hijo) o directamente pedir que paren el mundo que yo me bajo, pero cada día entiendo menos. Cuando feminismo quería decir el movimiento social y político que luchaba porque las mujeres fuesen sujetos de pleno derecho y pudiesen tener su propio proyecto de vida (esa era mi definición y visión) la cosa estaba clara, o al menos a mí me lo parecía. Pero desde hace unos años, y sobre todo, con la sustitución automática de la palabra sexo, mujer o feminismo por género, ya no me aclaro. Hoy todo es género menos los hombres, que siguen siendo hombres.

Hace unos meses me llegó un whatsap donde leía que se había llevado a cabo un contrato municipal para “la desratización y desintectación del municipio de Murcia con perspectiva de género” (BOE 16-01-2018); La Universidad de Valladolid ha organizado un Congreso Internacional sobre ética animal y género”; muchos colectivos feministas actuales se cuestionan si las mujeres son o no el sujeto político del feminismo. En fin, que tengo un lio mental bastante considerable.

Ahora el feminismo tiene que ser antiespecista (es decir, no hay especies superiores o inferiores, todos somos animales), y en algunos círculos no se puede hablar de vaginas (he leído que aconsejan referirse al agujero de delante o al agujero de atrás) o de menstruación, porque de esta manera se está excluyendo a las mujeres trans, que no tienen estas experiencias vitales. Y nada de hacer el gesto púbico con ambas manos, que también es excluyente.

Como las mujeres tenemos que ser siempre tan complacientes, comprensivas, amables, inclusivas, simpáticas etc. es decir, como las mujeres hemos sido educadas para aceptar que los demás en general (y los hombres en particular) siempre estén primero, así ocurrió en la Revolución Francesa y en la Rusa y en las luchas del proletariado, y en todos los movimientos hasta la actualidad,  pues ahora tenemos que cederle el puesto a todas las identidades no normativas y disidentes, y las menos normativas de todas parece que son los seres vivos que hasta hace poco conformaban los no-humanos no racionales. Los seres vivos racionales hembra (¿se podrá decir así?) pueden esperar.

Quizá por eso en Murcia han sino pioneros en un proyecto de desratización de la ciudad con perspectiva de género. Vamos bien.

 


Ni Inspector Gadget ni Mary Poppins

Mañana tenemos elecciones (y algunos tendrán además erecciones, depende de cómo les vaya el dia). El voto es secreto, y hoy es dia de reflexión. Pero como yo no me presento como candidata, creo que puedo romper esa norma para explicar mi opción.

Vivimos tiempos confusos, tiempos desconcertantes, tiempos en los que ya no sabemos muy bien qué es verdad, qué mentira, qué fantasía, qué realidad, qué apariencia, qué honestidad. Un totum revolutum que empeora, si cabe, con el “silencio atronador” que reverbera en la redes sociales, espacio donde verter las peores pulsiones humanas.

Por lo que a mi respecta voy a votar al menos malo. No voy a votar ni al Inspector Gadget, que lanza a la cara estampitas a sus enemigos (ya ni siquiera saben ser adversarios), pero tampoco a Mary Poppins, aquellos con poderes mágicos que prometen soluciones fáciles para problemas complejos y proponen  fantasías animadas para entretener al personal. Voy a votar el sentido común.

Aquellos que se atienen al principio de realidad. Que se han enfrentado ya a la difícil tarea de gobernar y han padecido en sus carnes el desgaste de tener que tomar decisiones cada día. Aquellos que han demostrado estar a favor de los derechos de las mujeres, y han legislado al respecto. Aquellos que sin ser perfectos -qué más quisiera nadie- han hecho en ocho meses lo que otros no han hecho en ocho años.

Lo tengo muy claro. En este momento en el que algunos plantean volver a la España de la Reconquista, otros siembran cizaña sin ofrecer alternativas, y otros “fan volar coloms” (es decir, vender humo), me quedo con los que tienen los pies en el suelo, tienen experiencia de gobierno y han hecho una apuesta decidida por un país que frene los múltiples desvaríos que nos acechan.


El feminismo que gusta a los hombres

Aunque parezca que el feminismo está de moda incluso entre algunos hombres, cosa impensable 30 o 40 años atrás cuando a las feministas de la ahora llamada “segunda ola” nos consideraban feas, machorras, amargadas de la vida y otras lindezas semejantes, he observado que hay un feminismo que gusta a los hombres y otro que no.

Les gusta el feminismo tipo Catherine Deneuve y las intelectuales francesas que defiendenn el derecho de los hombres a importunar a las mujeres, ya que consideran que el puritanismo que creen el feminismo potencia acaba con la seducción. Les gusta el feminismo tipo Cristina Pedroche, que enarbola la bandera de la libertad a la vez que se pliega dócilmente al papel de la mujer florero, pues afirman que ella elige cómo aparecer en televisión. Ese feminismo les gusta mucho, pues está en la línea de lo que las mamachicho hacían hace casi 30 años pero ahora de una manera empoderada.

Les gusta el feminismo que dicen defender las prostitutas y las defensoras de la prostitución, pues argumentan que son ellas las que eligen libremente dedicarse a ese trabajo, y así no tienen que cuestionarse su propio papel en el mantenimiento de tal modelo de sexualidad, jerárquico y enfocado en su propio placer.

Les gusta el feminismo de las mujeres que critican a otras mujeres, y aquellos productos, libros o películas que las presentan manipuladoras y perversas, como es el caso de La Favorita, película que se regodea en algo tan antiguo como la supuesta rivalidad femenina, la ambición y el poder en la sombra, tan típico de las chicas, aunque para ello tenga que retorcer la historia y sustituir los 18 embarazos que tuvo la reina Ana Estuardo por conejos. Si esta mujer tuvo 18 embarazos entre hijos muertos y abortos significa que al menos estuvo embarazada 20 de sus 49 años de  vida, pero eso al director no le interesa, sino fabular una relación triangular entre mujeres, que da más morbo.

En fin, el feminismo que gusta a los hombres es el que no discute su hegemonía ni les disputa el poder, que no es estridente, que no acusa, que es discreto y amable, que no cuestiona su sexualidad ni le pide cuentas por su larga etapa de dominio. Un feminismo que podría suscribir hasta Rousseau cuya Sofía,  que existía para hacerle la vida agradable a Emilio, parecen añorar.