Misoginia al cuadrado (o al cubo)

El odio o desprecio a las mujeres siempre ha estado presente en la historia. Desde la pérfida Eva, que incitó al pusilánime de Adán a comer la manzana, pasando por todas las reflexiones teóricas de grandes filósofos, que mostraron un desprecio inusitado hacia esos inmundos seres que no comprendían (léanse citas de Rousseau,  Hegel, Schopenhauer, Nietzsche entre los clásicos), hasta llegar a los posmodernos, que bajo la adulación hacia la alteridad, lo absoluto, la otredad y otras zarandajas por el estilo no hacían sino entronizar lo femenino mientras desdeñaban a las mujeres de carne y hueso, cuyos nombres no añado para no seguir dándoles lustre, total, la mayor parte de la gente no ha oído ni siquiera hablar de ellos.

Pues a ese desprecio secular por parte de los hombres se añade ahora la misoginia de los varones que se auto identifican como mujeres que, elevando a los altares lo femenino, ridiculizan, insultan, vejan, desprecian y vilipendian a las hembras de la especie, a las que vampirizan en lo que creen es la feminidad, mientras desdeñan sus reivindicaciones y sus luchas. Solo hay que ver los mensajes que se emiten en las redes sociales.

Los auto identificados como mujeres ya no necesitan adoptar el aspecto fisiológico femenino, sino solo sus estereotipos: pintarse las uñas, dejarse el cabello largo, ponerse tacones, vestir abalorios, llevar abanico, perfilarse las pestañas con rímel, etc. Todo lo que las mujeres de toda la vida han tenido que sufrir como parte del proceso de socialización para cumplir con el rol que se les ha atribuido (ser hermosos objetos de admiración), ahora resulta que lo imitan los varones. Pero en lugar de hacer todo eso si les apetece sin renunciar a su condición de hombres (cosa que estaría bien), en su inmensa cobardía tienen que auto definirse como mujeres para poder mostrarse femeninos. Eso sí, continúan ensalzando sus penes y sus atributos masculinos, de los que no dejan de alardear cuando se tercia, lo que pone de relieve, aún más si cabe, el androcentrismo del que parten y del cual son incapaces de prescindir.

Si los hombres combatieran los rígidos corsés masculinos (el género) y adoptasen los estereotipos femeninos podría considerarse transgresor en sí mismo, pero no es eso lo que está ocurriendo. En lugar de cuestionar la masculinidad hegemónica, desmontarla para que sea menos asfixiante, lo que pretenden es resignificar lo que es ser mujer pero sin contar con ellas, imponiendo sus criterios, sus definiciones, sus creencias o sus deseos.

No teníamos bastante con la misoginia viril, ahora tenemos que enfrentarnos a la misoginia femenil de los varones que intentan apropiarse de un cascarón, pues el molde de lo que ellos consideran femenino a nosotras las mujeres no nos interesa. Se lo regalamos. Lo que no estamos dispuestas es a que los delirantes deseos de varones autoginefílicos (que se ven a sí mismos como mujeres) acabe conformando y designando lo que es ser mujer.  Y mucho menos que este disparate acabe impregnando el sistema legal, político, médico, científico o educativo.

Tenemos pues misoginia al cuadrado, que podría elevarse al cubo si añadimos a todas las mujeres que por las razones que ellas sabrán se han sumado con entusiasmo a esta ofensiva. ¡Varones, vestíos de mujer si os apetece, nada que objetar; pero no vamos a dejar que nos heterodesignéis (leed a Simone de Beauvoir) y nos resignifiquéis recurriendo de nuevo a vuestro poder! Poder que esta ínfima parte de la población no tendría si no fuese por los intereses económicos y políticos de importantes empresas, fundaciones, instituciones, universidades y medios de comunicación que han hecho de esta sinrazón su propia causa.

Antes como hombres, ahora como mujeres, queréis seguir dictando e imponiendo vuestro criterio. Las feministas no os lo vamos a consentir.


El feminismo es cosa de hombres

No podía ser que una cosa tan importante como el feminismo quedara en manos de las mujeres. Como todo movimiento que se precie, el feminista necesita de cabezas bien amuebladas, de dirigentes preparados, de personas que saben de lo que hablan. ¿Cuándo se ha visto que cuatro tías incapacitadas lideren algo memorable?

El potencial revolucionario que tiene el feminismo se nos está yendo de las manos, hay que hacer algo para controlarlo. Inventemos algo que lo desactive pues está calando en las mujeres de todo el mundo. Con la inestimable ayuda de las lacayas del patriarcado, que siempre las ha habido, elaboremos una teoría que entre en contradicción con los principios fundamentales del feminismo; como esta teoría ha sido elaborada por supuestas intelectuales feministas nadie sospechará de ellas. Apostemos por esta nueva teoría que deslumbra por su audacia, aunque contradiga los más elementales principios científicos. Hagamos que se introduzca en las instituciones, empezando por la ONU para que proyecte su acción a todos los países que la conforman.

Cuestionemos que exista el sexo biológico, que no es más que una mezcla aleatoria de genes, cromosomas, hormonas y gónadas que se nos asigna al nacer (Butler dixit). Neguemos que el sexo sea un dato objetivo. Inventemos y apoyemos que el ser humano no es binario, que el sexo es una construcción social discursiva  -es decir, que primero es el discurso y después se inventa la existencia del sexo-. Involucremos a unas cuantas científicas que apoyen esta teoría, porque si no no tendremos credibilidad.

Inyectemos dólares a carretadas en todo tipo de entidades, medios de comunicación, universidades o asociaciones que fomenten que el sexo biológico no existe, que es un sentimiento interior, que se puede ser hombre o mujer por una especie de energía interior que anida en cuerpos cuya fisiología no es relevante. Añadamos además prefijos en latín para denominar un nuevo dimorfismo: el binarismo sexual macho hembra, hombre mujer, es ahora sustituido por un binarismo cultural cis o  trans, que no vienen definidos por sus órganos sexuales sino por su sentimiento interior, que situaremos en el cerebro para darle visos de cientificidad. No hay orientación sexual sino sexualidad holística, mística, todos somos cuerpos indiferenciados.

¿Cómo se conforma ese sentimiento interior? Silencio. ¿Qué es ser hombre o mujer? Silencio. ¿Qué es la identidad de género? Silencio ¿Qué es ser cis o trans? Silencio ¿Por qué las mujeres siguen estando en desventaja? Silencio. Todo vuelve como dice Alicia Miyares al pensamiento de Santo Tomás, hay que darle prioridad a la fe por encima de la ciencia. Hay que sustituir la evidencia científica por la creencia. No te hagas preguntas. Woke a la nueva fe.

Digamos que esto es ahora el feminismo, y quien no comulgue con este nuevo dogma será excomulgado (Kill the terf). Las feministas de toda la vida son expulsadas del movimiento, pues este está ahora al servicio de objetivos más excelsos, que es la definitiva consagración del patriarcado. Los varones, que ahora pueden elegir el sexo a conveniencia, se han hecho de nuevo con el timón. El feminismo, con sus inestimables aliadas cuyo deseo es congraciarse con los hombres, ha cambiado de agenda.  Feminismo liquidado. Objetivo conseguido.  Insistamos en que las feministas no son feministas, en que los feministas somos nosotros. A fuerza de repetir una mentira, acabará convirtiéndose en verdad.


Prefiero una hija trans a un hijo maricón

Los mayores del lugar recordarán una frase parecida a la que encabeza este artículo. Muchos padres decían, años ha, que preferían un hijo tonto a un hijo maricón. Las cosas parece que han avanzado mucho, pero en el fondo continúan igual: hay más rechazo a la homosexualidad que al cambio de sexo.

Vemos a muchos padres muy ufanos exponiendo a sus criaturas ante la audiencia de los medios de comunicación y anunciando urbi et orbi que están supercontentos de que sean trans, (por más que preguntemos qué significa trans, nadie responde). Padres que afirman sin rubor que “los primeros indicios” los tuvieron cuando las criaturas apenas tenían diez meses, dos años, tres… dependiendo del caso. ¿Y qué indicios eran esos? Pues que a los niños les gustase llevar el pelo largo, que quisieran ponerse pendientes, que no les gustase jugar a fútbol y en cambio prefiriesen las muñecas. Y a las niñas lo contrario. Y con todas estas “pruebas” de la tendencia de la criatura, esos padres seguramente bienintencionados deciden que es que su hijo en realidad es una niña, en sintonía con lo que exponen los transactivistas más extremos.

Es decir, no querer asumir los rancios y caducos estereotipos de género por parte de criaturas que están creciendo es interpretado como que son del sexo opuesto. ¿No hay nadie que vea esta barbaridad y se oponga a este despropósito? Las feministas llevamos años, si no siglos, intentando desvelar estas falacias, luchando para que la infancia pueda crecer en libertad, sin corsés, sin sometimiento a las rígidas normas de género que estructuran toda sociedad, y que perjudican tanto a los varones como a las hembras, aunque estas nos llevamos, como siempre, la peor parte.

Parece que las familias están más dispuestas a que sus hijos e hijas cambien de sexo porque muestren preferencias hacia las actividades que se suponen son del sexo contrario que a cuestionar los mandatos sociales. Lo peor de todo esto es que abona y refuerza la idea de que estas actitudes son innatas, y por tanto las familias se desresponsabilizan de ser los transmisores de estos comportamientos y valores artificiales que se toman por naturales.

Si mi hijo o hija no se adapta a los roles establecidos, prefiero pensar que es una condición con la que ha nacido (una esencia interior en un cuerpo equivocado) antes que cuestionar mis propios prejuicios sobre cómo se tiene que comportar un hombre o una mujer. Prefiero inducirlo a un imposible cambio de sexo, bloquearle la pubertad primero y hormonarle de por vida después, antes que dejar que se exprese con libertad. 

Qué pasará cuando esas criaturas se desarrollen, qué ocurrirá cuando inicien su vida sexual, qué efectos secundarios tendrán todas esas hormonas en su salud, a qué mutilaciones tendrán que someter sus cuerpos sanos, a qué precio estas familias que tan alegremente anuncian que sus hijos o hijas son trans van a pagar los delirios de una sociedad enferma.

La aparición complaciente y constante de este tema en los medios, la ocultación deliberada de problemas y complicaciones de salud por el uso bloqueadores o de hormonas, el silencio de instituciones médicas, jurídicas o científicas, la acción de influencers que alardean de ser de género fluido, o no binario, o agénero, etc. y, como telón de fondo, los intereses de las multinacionales farmacológicas y biotecnológicas, todo en conjunto está propiciando que las familias prefieran creer que tienen un hijo trans cuando quizá lo que esos signos indican es que podrían tener un hijo o una hija homosexual.  Preparaos gays y lesbianas, porque después del borrado de las mujeres el siguiente va a ser el vuestro.


Yo soy quien digo que soy

Dios dijo “Yo soy el que soy”, y a él se lo vamos a aceptar porque es una autoridad en la materia.  Amnistía Internacional le ha enmendado la plana a Dios y ha decretado que “Yo soy quien digo que soy”. Si no fuese porque el tema es tan grave y en España ha empezado a circular por los pasillos del Congreso el delirante proyecto de Ley de Autodeterminación de Sexo (pues no es una Ley para las personas Trans), la verdad es que me lo tomaría a risa y le sacaría toda la punta que pudiese a este disparate. Además, la frase puede ser dicha por una criatura de 2 años (han salido casos hasta en El País) que aún no controla ni los esfínteres como por un señor de 50 que descubre su auténtico yo sin haber abonado ningún tributo de los que pagan las mujeres por haber nacido con sexo femenino.

Para Amnistía Internacional una persona es quien dice que es: si yo digo que soy el Papa de Roma es que lo soy, y quien lo ponga en duda puede ser denunciado. Solo el enunciado ya demuestra hasta qué punto se ha perdido la razón: un individuo tiene que ser creído por el simple hecho de manifestar un deseo por muy disparatado que sea. El delirio amparado por la ley.

¿De verdad que la gente está dispuesta a comulgar con estas ruedas de molino? ¿Lo creen o hacen ver que lo creen porque piensan que esto de la Ley Trans no va con ellos? Cuando hombres físicamente varoniles dicen que son mujeres ¿de verdad la gente está dispuesta a aceptarlo o le están dando la razón como a los locos? (pido perdón a los locos, que no quiero patologizar la enfermedad mental). A mi me parece que la gente está adoptando una actitud de pasotismo porque o bien no tiene ni idea de lo que representa la autodeterminación de sexo (que no de género, pues lo que se quiere cambiar en el registro es la mención al sexo), o simplemente cree que eso no le va afectar (“a mi no me borra nadie” o “quiénes somos nosotros para decirle a nadie lo que tiene que sentir”, son los nuevos mantras).

Hemos dado todo tipo de argumentos, pero voy a dar algunos más, por si acaso: que el género es un proceso de asimilación de los valores y roles que se supone corresponden a los hombres o las mujeres; que la asimilación del género tiene lugar en interacción con los demás desde el mismo nacimiento, o incluso antes, pues el anuncio del sexo del bebé ya predispone al entorno a recibirlo de una manera u otra (ropa, regalos, colores, juguetes, expectativas, etc.) y que no hay identidad sin interacción social. Sobre esa realidad material que es el sexo, se ha erigido todo un edificio cultural que atribuye unas características a los hombres y otras a las mujeres que no tiene nada de natural.

Cuando el personal empieza a declararse como “no binario” ¿no se da cuenta de que se está definiendo a partir del reconocimiento del binarismo preestablecido por el sistema patriarcal? Muy posiblemente lo que quiere decir es que no se identifica ni con los valores masculinos ni con los femeninos. Pero ¿quién ha dicho que los demás nos identifiquemos de buen grado con el género en que hemos sido socializados? El proceso de asimilación del género es tener que adaptarse a un guante, a un molde en el que cuesta encajar, y se paga un precio muy alto si la persona no se ciñe a él: eso es lo que se está entendiendo por ser trans. En cierto sentido todos somos trans, porque todos nos hemos tenido que amoldar de buen o de mal grado a esos roles que ahora la cosa queer y la ley quiere convertir en identidad. ¿No es más barato y razonable luchar por la desaparición de los géneros que reforzarlos mediante la pirueta jurídica de cambio de sexo registral? ¡Ah! pero lo primero es revolucionario, mientras que lo segundo es la jugada maestra para que parezca que todo cambie para que todo siga igual.


Resistencia feminista

La foto que ilustra este texto es de 1978, hace 43 años. Soy yo de jovencita haciendo el mismo gesto que ayer volvimos a hacer muchas feministas en toda España. Nunca hubiera pensado que este símbolo pudiera llegar a ser considerado transfobia. Pues ayer, día 26 de junio de 2021 muchas feministas hicieron este gesto, y alguna fue agredida, como Laura Strego en la concentración en Murcia que tuvo que ser atendida en el hospital. En Barcelona la policía contuvo a un grupo de transactivistas que querían entrar en la plaza donde pacíficamente nos habíamos concentrado un grupo de mujeres con permiso de manifestación. En Madrid y en otros lugares grupos pro trans intentaron celebrar contramanifestaciones no autorizadas para reventar las protestas, legítimas y pacíficas, de mujeres contrarias a las leyes de autodeterminación de sexo y a favor de la agenda feminista.

Y a todo esto los medios de comunicación brillaron por su ausencia, y cuando lo han referido lo han hecho equiparando manifestaciones legales con intentos deliberados de impedir las concentraciones por parte de grupos pro trans. Es decir, poniendo al mismo nivel los intentos de agresión, los agresores y a las agredidas, que no es sino una manera de tomar partido por los violentos. Si esto no se llama Resistencia, que venga dios y lo vea.

Así que sí. Las feministas somos La Resistencia ahora mismo frente a todos los poderes que se han abonado en masa a la nueva fe: todo el mundo considera lo más normal que el sexo, que es un dato objetivo, constatable y observable en el nacimiento, y que además se forma durante el desarrollo del embrión y permanece invariable a lo largo de toda la vida, pues no, ahora tenemos que aceptar sin rechistar que es algo que se puede cambiar en el Registro Civil a voluntad. Y si se aprueba la ley que está en proceso puede que incluso podamos ser multadas por sostener una evidencia. Todos los demás problemas de las mujeres han empalidecido ante esta cuestión.

Aunque ya he hecho algunas consideraciones sobre el por qué de la existencia de tal unanimidad en algo manifiestamente falso, me he cansado de repetir los argumentos racionales, que por otra parte están perfectamente explicados en muchas cuentas de Instagram, Twitter o Facebook, por poner los ejemplos de tres redes sociales populares, ya que los medios convencionales han hecho un pacto de silencio sobre las lógicas y razonables críticas que planteamos muchas feministas. Pero es igual, no recuerdo quien dijo que intentar debatir con alguien que ha renunciado a la lógica es como querer alimentar a un muerto, así que no voy a dar más razones. Que cada uno profese la religión que más le plazca.

Las feministas somos La Resistencia, porque es así como se denomina a los grupos que se organizan contra estados de opinión o gobiernos totalitarios que desean silenciar la discrepancia política. Y no de otra forma puede denominarse un régimen que intenta implantar el miedo a hablar, a manifestarse, a posicionarse, a discrepar públicamente. Profesores de universidades e institutos, padres y madres en colegios, asociaciones, grupos o entidades, en todo el tejido asociativo de la sociedad civil crece el miedo a ser acusado de transfobia ante el cómplice beneplácito de los poderes económicos, políticos y mediáticos.

Pese al miedo que muchas habían expresado sobre la posibilidad de agresiones, muchas mujeres nos atrevimos a salir a la calle el sábado 26 a las 12. Para mi sorpresa -al menos en Barcelona- había bastantes jóvenes, en contra del argumento que defiende que es que las feministas mayores nos hemos quedado desfasadas y no entendemos los nuevos tiempos. Eché en falta a más veteranas de mi generación, cuya ausencia antes prefiero pensar que se debe a que se han pasado en masa a la nueva fe que no por causas irremediables, cosa que lamentaría mucho más.

Pues sí, aquí estamos las feministas. Volvemos a ser pocas las que salimos a las calles, pero cada vez La Resistencia va a ser mayor porque nuestra historia es sólida y nos asisten el sentido común y la razón. Y a ver quién nos va a impedir que hagamos el signo que simboliza nuestro sexo, el origen de la opresión.


Un nuevo Contrato Social que excluye a las mujeres (otra vez)

No soy la primera que repara en este tema. Ha habido algunas voces que lo han abordado ya, pero, como es habitual, no se les presta demasiado atención porque se dice que exageran. Pues voy a entrar en el cupo de las exageradas para que, en el futuro, si el nuevo régimen se implanta internacionalmente, y alguien busca si hubo alguien que escribiera sobre lo que se avecinaba,  encuentren en este pequeño rincón una voz que ya lo advirtió: se está fraguando un nuevo Contrato Social que excluye de nuevo a las mujeres.

El Contrato Social es un acuerdo tácito que se instauró en el siglo XVIII, inspirado por los filósofos, sobre todo por Jean Jacques Rousseau, que defendía la igualdad de todos los hombres y el derecho de ciudadanía. Como bien sabemos por la lectura de Emilio o la Educación (1762) este libro hablaba de los hombres, y excluía de esta ciudadanía a las mujeres, a las que relegaba a la tarea de atenderlos y cuidarlos desde su nacimiento a su muerte. Este Contrato Social , que podría haber supuesto la equiparación de hombres y mujeres y el socavamiento del patriarcado no hizo más que afianzarlo.

Las mujeres han luchado por el derecho a ser ciudadanas desde aquel mismo momento, o incluso antes, y ahora, cuando los logros del feminismo y su extensión global empezaba a resquebrajar el sistema patriarcal, un nuevo proyecto de Contrato Social va a volver a reforzarlo. ¿En qué consiste este nuevo Pacto y quienes son las partes contratantes?  Pues los mismos que ya instituyeron el primigenio: los varones que tienen el poder (gobiernos, instituciones, empresas, medios de comunicación) en alianza con un reducido pero poderoso grupo de impulsores del transgenerismo, fundaciones filantrópicas, la industria farmacológica y la biotecnológica.

El objetivo central de este nuevo Contrato Social es que desaparezca la noción de sexo biológico, por lo que al disociar el cuerpo sexuado de la categoría hombre o mujer, esta diferencia ya no tiene sentido.  Somos cuerpos indistintos, y solo la autopercepción individual decantará si quieres performar como varón o como mujer, reforzando los estereotipos asociados culturalmente a uno u otro género. Este nuevo Contrato Social que se está fraguando vuelve a excluir a las mujeres, pese a lo que muchas puedan creer. Quienes están en la cúspide y dirigen la instauración del nuevo régimen son varones, algunos auto determinados como mujeres, y otros no.

Las voces que cuestionan este nuevo sistema que se quiere imponer están siendo silenciadas, hostigadas y desprestigiadas mediante la acusación de transfobia, delitos de odio, etc. pese a que lo único que hacen es estar en desacuerdo con que el sexo biológico sea irrelevante. Si lo es,  todas las políticas, reivindicaciones, luchas y logros de las mujeres (cuya subordinación y desigualdad están basadas en el sexo) dejan de tener sentido. Para asegurar que no haya oposición, se preparan leyes que castiguen la disidencia.

Mucha gente cree que este movimiento pretende proteger al grupo más vulnerable, que lucha por los derechos humanos del colectivo trans (cuyo nombre resulta intencionalmente ambiguo, pues todas las personas podríamos pertenecer a él) y cuyas repercusiones no van a afectar al resto de la sociedad. La gente en la calle no tiene ni idea de lo que va el tema y cree que no va con ellos.

Craso error. Este nuevo Contrato Social no solo no va a mejorar la vida de las personas transexuales (que de hecho desaparecen, como las lesbianas, homosexuales o bisexuales) ya que de lo que se trata es de eliminar por completo toda referencia a la realidad material sexual, sino que va a hacer imposible definir los problemas de las mujeres, analizar la desigualdad por razón de sexo a la vez que contribuye a desactivar el feminismo al negar la jerarquización sexual.  Ítem más, va a suponer la creación de un ejército de adolescentes confusos con su orientación sexual y descontentos con su cuerpo a los que se les va a vender la ilusa idea de que pueden cambiar de sexo a voluntad.  ¿Dónde están las mujeres en la instauración de este nuevo régimen social?  Algunas están siendo cómplices por ignorancia o por exceso de buena fe. Al resto, ni están ni se las espera.


¿Paridad basada en qué?

Hay un tema en el que creo que nadie piensa demasiado. La mayoría de las personas estoy segura de que están de acuerdo en que haya igualdad entre hombres y mujeres, y que es deseable que haya paridad en todo tipo de instancias: parlamentos, ayuntamientos, consejos de administración, medios de comunicación, etc. Cualquiera aceptaría esta premisa: que haya una presencia de un 40/60 (más o menos, de cada sexo).

Y aquí empieza el problema. ¿La paridad tiene que venir dada por el sexo de las personas? Pero si el sexo se difumina, si se hace irrelevante y según las últimas leyes y propuestas la autodeterminación es un derecho “inalieable” de las personas… ¿En base a qué o cómo se verá afectada la paridad? ¿Como vamos a seguir defendiendo el concepto de paridad, si ya no existen las mujeres y hombres definidos por el sexo?

Si cualquier persona se puede autoidentificar con un sexo y constar como tal aunque haya nacido con el contrario, es decir, si varones que se autoidentifican como mujeres pueden constar legítimamente en el recuento de mujeres en cualquier tipo de listado…¿cómo vamos a poder seguir apostando por la paridad? ¿Con qué argumentos defenderemos la paridad si podría darse el caso de que un organismo fuese paritario sólo con que hubiera presencia de un porcentaje de hombres biológicos más otro porcentaje de varones autoidentificados como mujeres?

Una de dos: o la paridad se sigue basando en el sexo biológico real o no tiene sentido seguir defendiendo este criterio de representación. No se puede defender una cosa y su contraria. Si la paridad ha sido un concepto para fomentar la igualdad entre los sexos en cualquier ámbito de la vida, lo que es ilógico es que esa paridad se pudiera alcanzar sin presencia de mujeres, o solo contando con varones que se autoidentificaran como mujeres. ¿Ven el contrasentido de todo esto? ¿Como vamos a seguir llamando “democracia paritaria”, por ejemplo, a una realidad donde el sexo fuese irrelevante y pudiese ser constituida por personas de un único sexo biológico?

La autodeterminación de sexo no resiste el más mínimo análisis racional y dinamita toda explicación sobre la desigualdad estructural que se ha erigido a causa de nuestros cuerpos sexuados. ¿Cómo cree nuestra clase política -si es que se puede llamar así a la actual camada de representantes- que se ha mantenido, por ejemplo, la violencia contra las mujeres? ¿Basándose en qué? ¿En qué creen que se ha basado el dominio patriarcal? Y toda esta estructura milenaria hay quien considera que se va a derrocar porque cuatro varones se suban a una tarima calzando tacones o salgan en televisión con los labios pintados afirmando que son tan mujeres como la que más. Todavía estoy esperando un mínimo análisis que nos explique las experiencias que han compartido con estas para afirmar que son parte de ese sexo al que niegan su materialidad. Y de los y las líderes políticas que nos aclaren en qué creen que se basa la desigualdad de las mujeres, o si es que quizá creen que se debe a la altura de los tacones o a la intensidad del carmín.

¿Cual es la consecuencia de todo este despropósito? La aniquilación de las nacidas hembras. ¿Y por qué? Porque sin haber desterrado la desigualdad entre unos y otras no es posible hacer tabula rasa, esto es, como si partiésemos en igualdad de condiciones.Tras trescientos años de lucha por la emancipación, volvemos al punto de partida: ya no seremos el segundo sexo, que habrá dejado de existir, seremos el segundo género. El patriarcado habrá triunfado de nuevo, y de nuevo con la complicidad de las mujeres. Pregunto a todas las adalides de la autodeterminación de sexo, ¿cómo creéis que vamos a acabar con el sistema patriarcal si se sigue incentivando que complacer a los demás es nuestra máxima prioridad?


Provocar el problema, ofrecer la solución

De insatisfacciones provocadas sabemos mucho las mujeres. Es un camino largo que requiere de un trabajo constante de persuasión en el que se ven involucrados muchos actores. El mayor éxito de este proceso fue convencer a la mitad de la humanidad de que era inferior a la otra mitad, favoreciendo la creación de lo que hemos llamado el sistema patriarcal, aunque en este caso no sólo se ha recurrido a la persuasión, sino a la coacción y a la violencia hasta naturalizar la injusticia. Pero eso es harina de otro costal.

El brazo ejecutor de atizar las insatisfacciones ha sido con frecuencia la publicidad, pero el verdadero origen es la creación de una ideología que empieza a extenderse sutilmente auspiciada por intereses económicos en connivencia con los políticos. Así, la industria de la belleza y la moda se ha sostenido incentivando la insatisfacción de las mujeres con sus cuerpos, pero antes de ello hubo una labor de persuasión para convencer a la sociedad de que a ellas se las valoraría por su apariencia.

Parte del proceso de persuasión consiste en hacer ver que hay imperfecciones corporales que se pueden y deben mejorar para evitar la sanción social. Los primeros anuncios publicitarios de cremas depilatorias de 1930 pusieron el acento en que las mujeres que no se depilaban eran descuidadas e indecentes, y que ver el vello en las axilas femeninas horrorizaba a los hombres. De ahí, naturalmente se extendió el pánico a tener pelo en cualquier lugar del cuerpo que no fuese la cabeza. A las mujeres nos ha ocurrido que a más derechos conquistados, menos pelo. Y no me hagan decir dónde.

Primero se crea la insatisfacción, y luego aparecen milagrosamente las soluciones. Ahora le toca el turno a provocar la insatisfacción con el sexo biológico con el que se nació para crear un ingente ejército de insatisfechos que creen vivir en un cuerpo que no les corresponde. Pongamos en circulación que el sexo biológico es un constructo, que no existe, que se puede elegir, que lo podemos cambiar, que es un derecho humano inalienable. Empecemos la correa de transmisión: elaboremos una teoría, cuanto más extravagante mejor, que seduzca a los intelectuales, empecemos a difundirla en libros, publicaciones, congresos, seminarios. Las instituciones y organismos comprarán el discurso porque lo ha elaborado gente muy sabia, con palabras muy rimbombantes, con mucha bibliografía detrás. Difundamos urbi et orbi que hay un cambio de paradigma, que suena genial.

Los partidos políticos, deseosos de captar adeptos incluirán sus propuestas en sus programas electorales; utilicemos la nueva jerga, adulemos los oídos de nuestros feligreses. Inundemos las páginas de los diarios, las pantallas de televisión, los seriales y los videoclips con la buena nueva. Publicitemos caras de famosos que se apuntan al carro por dinero o por celebridad. Sigamos con personas desconocidas, a ser posible jóvenes en formación que han experimentado el cambio con cara de inmensa felicidad.

Ya hemos creado el problema. Ahora toca ofrecer la solución. Y ahí, a la que salta, está la industria farmacéutica, la cirugía plástica, la investigación biotecnológica, el largo brazo del interés económico siempre dispuesto a encontrar incautos a los que desangrar.  Ya solo falta que las masas enfervorecidas tilden a quien se oponga a tan beatíficos postulados de reaccionario, de nazi, de traidor.  Y la guinda de todo es que la gente crea que no hay imposición social, sino que todo es producto de la libre elección.


Esto no iba a pasar

Después de casi dos años de haber vivido de alquiler, vuelvo a mi antiguo hogar, Eva devuelve la costilla, no por mi voluntad, sino porque me han desahuciado del blog con el que colaboraba en Público.es. Me gustaba escribir una columna semanal bajo el título genérico de Cuarto y mitad, pero se ve que mis reflexiones no han sido suficientemente interesantes o valiosas para este diario, porque sin darme demasiadas explicaciones han decidido prescindir de mi colaboración.

No ocultaré que me siento desilusionada, pues creía que la cita semanal con la audiencia de Público era muy bien valorada a juzgar por los comentarios que me llegaban, tanto a Twitter como a Facebook. Nunca tuve retroalimentación por parte del diario de si la columna era bien o mal recibida, pero siempre las escribí con la ilusión y la esperanza de ofrecer reflexiones que pudieran ayudar a quienes me leyeran a formarse un juicio razonado de los diferentes asuntos de actualidad, especialmente el relacionado con la situación de las mujeres, que es el tema que me ha motivado y me continuará motivando hasta el último aliento. O hasta que me cierren el blog.

Ahora toca ser trans y estar en esta onda si no quieres verte reducida al ostracismo, ser tildada de tránsfoba y reaccionaria. Los postulados del feminismo clásico, según dicen, están emparentados casi con los planteamientos de Vox. Pues vale, ellos ganan. Que se aprueben leyes de autodeterminación de género como la aprobada en Canarias por unanimidad, en bloque, sin la menor discrepancia.

Una de dos: o todos creen honestamente que el sexo biológico no importa, que no existe y que cada uno puede autoidentificarse como quiera, o bien les parece que aprobar esto es una cuestión menor, peccata minuta, una irrelevancia que no va a tener consecuencias y quedas estupendamente de cara a la galería. La verdad es que tiendo a pensar que es esto segundo lo que sucede, que en realidad no les importa la enjundia del tema, que les da igual el impacto que tenga en la vida cotidiana, que no tienen ni idea de lo que representa; remar a favor de la corriente dominante es mucho más fácil y no les crea ningún problema. ¿Desagregar los datos por sexos, para qué, por ejemplo, como pide una profesora de Alicante? Mejor no, y así eliminamos de un plumazo la desigualdad, como están a punto de hacer en Argentina. Me comentan que incluso ya están rechazando textos en revistas porque desagregar los datos por sexo es transfobia.

¿Para qué va a perder nadie cinco minutos en pensar exactamente qué quiere decir la autodeterminación de sexo? ¿Para qué vamos a pensar en cómo se podrá perseguir el fraude si la elección de sexo solo depende de la voluntad del individuo? ¿Por qué nos vamos a preocupar de que no haya que acreditar ninguna condición ni circunstancia para cambiar el sexo registral si nadie lo va a hacer por capricho? Confiemos en la buena voluntad de los trans, porque en este país no hay nadie que defraude a hacienda, que cobre en negro, que intente aprovecharse de los resquicios legales, que intente pagar menos impuestos de los que debe; nadie se va a cambiar de sexo para aprovecharse de ciertas ventajas, en qué cabeza cabe. Sin embargo, el asesino de Vanesa Santana, Jonathan Robaina, no ha dudado en reclamar que le llamen Lorena una semana después de aprobada la Ley Trans Canaria si eso le sirve para mejorar su situación procesal. Pero claro, #EstoNoIbaAPasar porque en este país todos somos muy buenos, cumplimos las leyes a rajatabla y nadie se aprovecha de las grietas del sistema.

En fin, que con su pan se lo coman. Seguiré escribiendo lo que pienso en otros medios o en este blog, mientras me lo permitan y el cuerpo aguante. Algún día, quizá dentro de cinco, diez, quince o cien años alguien rescatará lo que las feministas defendíamos y las reflexiones que hacíamos, y los argumentos que dábamos, y no tendrán más remedio que darnos la razón. El emperador está desnudo, y nadie nos va a hacer creer que lleva un espléndido vestido cuando es más que evidente que se le ven las pelotas.


Continúa la colaboración con Público.

Como comenté en mi anterior entrada, desde hace uno año colaboro en el Diario Público.es con una columna semanal, por lo que no es necesario repetirlas aquí.

Pongo en enlace a mi nueva uicación para que podais seguir leyendo mis reflexiones. Muchas gracias por el interés mostrado.

https://blogs.publico.es/cuarto-y-mitad/