2. Arriesgarse en el espacio sideral

Lo primero que tienes que hacer es aprender a navegar, naturalmente, así que será mejor que le pidas a tu hija de 14 años, discretamente, que te enseñe a utilizar el Google, que te cree una cuenta de Messenger y que te ayude a crear un perfil. Pero todo ello con mucho tacto, porque a tu hija se le pueden salir los ojos de las órbitas si vas y le dices…

-Hija mía, quiero aprender a navegar

-¿Mamá, es que nos vamos a comprar un barco?

-No, me refiero a navegar por Internet

-Mamá, las mujeres de tu edad lo que tienen que hacer es dedicarse a hacer ganchillo.

Ignora la indirecta. Tú a lo tuyo. En esta vida hay que arriesgarse un poco para conseguir lo que se desea. Ten en cuenta que Internet no muerde, así que no pasa nada si tardas un poco de tiempo en cogerle el truco. Pero una vez hayas perdido el miedo al artilugio, empezarás a darte cuenta que hay todo un mundo por descubrir. Igual que no has sido la primera ni la última en ser abandonada, no serás la primera en meterte en una página de contactos. Busca, compara, y elige la mejor opción. Hay muchas páginas, y cada una tiene sus particularidades. Parship es más elitista, mientras que en Match.com puedes encontrar un público mucho más popular. También están B2, Meetic, DéjateQuerer, FriendScout24 o Gran Amor entre otros. Después de mucho pensarlo elijo la página La Oca, porque su lema “de oca en oca, y ligo porque me toca” me retrotrae a aquellos momentos inolvidables de mi infancia, con un punto de descaro que no está nada mal. Además, me prometen un informe psicológico completo, lo cual dadas las circunstancias va a ayudarme a conocerme mejor. Me aseguran que lo que hace esta página es “ciencia aplicada al amor”, que es justamente lo que yo necesito, porque ya no estoy dispuesta a creer en el amor a primera vista si no es después de haber realizado una ingente cantidad de experimentos previos. Ya tengo edad para conocerme un poco a mí misma, y mira por donde en esta página de contactos puedo matar dos pájaros de un tiro. Además, garantizan que de cada contacto me darán una gráfica comparativa del porcentaje de compatibilidad en personalidad, hábitos e intereses. Creo que voy a tener que hacer un cursillo para poder manejar los conceptos de fluctuación amorosa, cotización erótica o posibilidades de inversión afectivosexual a corto, medio o largo plazo.   Me empiezo a familiarizar con  el sistema y me doy cuenta de que lo primero que tengo que hacer, aparte de pagar, es introducir mis datos y crear mi perfil.

-No des muchos datos personales, en Internet hay gente muy rara

Me advierten de buena fe todos aquellos que me quieren. Mis hijos, mis amigos, mi carnicera. Sobre todo mi carnicera, que en la media hora en que hago la compra semanal me explica varios casos de lo más edificante: el de una mujer que entró en contacto a través de Internet con un hombre que vivía en Marruecos, que se desplazó a aquel país para conocerlo, que se quedó sin dinero y que estuvo retenida en la casa del hombre durante un mes, siendo sometida a todo tipo de abusos. Otra, de una chica que se puso en contacto con un joven a través de Internet, que el muchacho resultó ser de una familia del Ku-Klux-Klan que la sometió a toda clase de atrocidades por ser de raza negra. Así que me enfrento a mi nueva actividad más alegre que unas castañuelas. Pero, digo yo ¿Quién va a querer descuartizar a una mujer menopáusica y con dos cartucheras repletas de celulitis?

Me paso un día contestando todas las preguntas que me formulan para elaborar mi informe psicológico, doy mis datos personales, y pago con Visa el Paquete Requeteextra que por lo visto es lo más de lo más. Puedo enviar y recibir mensajes durante seis meses. Así que me dedico a pensar en lo que voy a poner en mi perfil. Esto es como venderse en la lonja del pescado, así que si quiero tener éxito más vale que mi lenguado no parezca mustio, sino más fresco y lozano  que el de las paradas de al lado. Vamos allá.

Escribo un primer texto donde digo más o menos:

“Soy una mujer sensible, discreta, normal, valoro la amistad y la sinceridad por encima de todo, cariñosa y fiel. Busco un hombre sensible, discreto, normal, que valore la amistad y la sinceridad por encima de todo, cariñoso y fiel”.

Lo que me gusta hacer en el tiempo libre: pasear, ir al cine, leer, ir a la playa, viajar, ver la televisión, hacer punto de cruz.

Sin lo que no puedo vivir: sin amor

Un libro que haya leído recientemente: La catedral del Mar

Un lugar preferido: cualquiera, con la persona amada

Hay muchos más apartados, pero que declino responder porque creo que tampoco hay que ser demasiado prolija en un primer momento ni abrumar a los millones de hombres que desean conocerme[1]. Así, rellenando sólo los apartados importantes doy como un cierto toque misterioso, una mujer interesante a la que todos esos millones de hombres internautas están esperando.

Por lo demás, me parece que queda bastante claro cómo soy y lo que quiero. Decido no poner fotografía para preservar mi intimidad. Además, creo que mi perfil es ya suficientemente atractivo como para no necesitar, encima, el reclamo de mi rostro. No quiero sobreimpresionar  a mis posibles pretendientes con un derroche de mi más que evidente sex appeal. Mientras espero que me lluevan las ofertas leo algunas “historias de éxito”  reales que me llenan de esperanza.

El lenguaje del amor es internacional, aunque no se entienda

“Me llamo María, y vivo en Madrid. Entré en esta página y me encontré el perfil de Chuang-Ki. Fue amor a primer correo. Chuang-Ki vivía en Cantón, pero como todo el mundo sabe, para el amor no hay distancias. Le escribí en español y él me contestó en chino mandarín. No entendí ni una palabra, ni él por lo visto tampoco, pero eso no importaba, en aquellos caracteres tan extraños yo intuía que había mucho feeling. Estuvimos mucho tiempo intercambiando correos electrónicos, y ahora estamos planificando nuestro primer encuentro real. No sé si le reconoceré, porque para mí todos los chinos son iguales, pero eso no importa, porque cuando se trata de Amor, no hay nada imposible”.

Ni RENFE interferirá en nuestro amor

“Soy Sandra, abogada de Barcelona. Como soy una mujer muy ocupada, no tengo tiempo de salir para conocer gente, así que me apunté a La Oca. En esta página encontré el perfil de Toni, que trabaja en una Petroquímica y vive en Reus. Empezamos a intercambiar mensajes, y pronto vimos que estábamos hechos el uno para el otro. Después de unas cuantas semanas decidimos conocernos, pero un día que él venía hacia Barcelona  cayó un chaparrón y el tren de Cercanías no pudo continuar. Otro día en que decidí ir yo una catenaria se desprendió en la vía y tuvimos que desistir otra vez, y en la tercera ocasión en que lo intenté se produjo un socavón a consecuencia de las obras de AVE , tuve que bajar en Sitges, coger un barco, pasar por Ibiza y atracar en Tarragona, así que cuando llegué a Reus Toni había levantado la tienda de campaña porque se tenía que ir a trabajar. Pero es lo que Toni y yo decimos, no perdemos la fe, ni Cercanías ni nadie podrá impedir que lleguemos a conocernos algún día”.

Qué bonito. Hay muchas más historias como estas. Dentro de poco yo seré una de las personas que escriba una carta explicando mi caso, dándole las gracias a La Oca por propiciar mi felicidad. Como todas las cosas han cambiado, ahora escribir una carta a la página de contactos agradeciendo haber encontrado novio es la versión moderna de poner una vela a San Antonio. ¡Viva la postmodernidad!

Espero que la semana que viene os pueda dar detalles de mis muchos éxitos.


[1] Igual que Sean Thomas en su libro Millones de mujeres quieren conocerte, Plaza y Janés (2007), a ver por qué iba a haber menos hombres que quisieran conocerme a mí que mujeres que desearan conocerlo a él.

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