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Divorcio catalán

La comparación de lo que ocurre actualmente en Cataluña con un divorcio es muy frecuente. Son muchos los artículos que se escriben que utilizan la analogía del proceso independentista con el divorcio que desearía Cataluña respecto a España. Es una imagen muy potente. Muy fácil de entender. Cualquier persona, tras establecer la comparación está tentada de compartir el argumento. Claro, cuando dos personas no quieren seguir juntas lo mejor es divorciarse. Si puede ser civilizadamente y de mutuo acuerdo, estupendo. Si no, hay que recurrir a la justicia para que arbitre los términos de la separación.

Hasta aquí todo muy claro y fácil de comprender. El problema es que es un argumento tramposo y falaz:  Compara y reduce la voluntad de dos personas a dos comunidades cuyas voluntades no son monolíticas Al reducir el problema a un divorcio entre dos personas se deduce que solo hay dos voluntades: la de Cataluña como un todo que desea el divorcio de España, como un todo a su vez.

La realidad es mucho más compleja. No todas las personas de Cataluña quieren divorciarse de España. Algunas posiblemente quieren establecer otro tipo de relación. Otras ya dan por buena la existente. A otras incluso les trae sin cuidado. El divorcio de una pareja es cosa de dos.  La independencia de un territorio respecto de otro es cosa de muchos millones de personas, no todas de acuerdo ni con una voluntad unánime.  Y lo mismo se puede decir respecto a la ciudadanía del resto de España: muchos puede que se opongan a que Cataluña abandone España, pero otros muchos quizá lo deseen. Y a otros les da igual.

Por tanto, busquen otra analogía para describir la situación. No lleven al terreno de las relaciones de pareja la complejidad social. No simplifiquen intencionadamente para conseguir adhesiones fáciles. El divorcio es una decisión de dos. ¿O vamos a dejar que interfiera toda la familia: las suegras y suegros en liza, los plastas de los cuñados, los hermanos de equipos contrarios, las tias beatas, o el primo de zumosol?

 

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¿8 de marzo? ¡Qué antiguas!

 Qué antiguas, todavía celebrando el día internacional de las mujeres como si estuviéramos en 1911, como si la sociedad no hubiera cambiado nada, como si las mujeres en la RAE no hubieran pasado de un 0%  a primeros de siglo XX  a un 12% a principios del XXI; como si las mujeres en los consejos de administración no hubieran alcanzado ya la notoria cifra del 14%,  y como presidentas de empresas un muy digno 3,4%. Todavía hacen como si no hubiera  casi 20 mujeres (10% entre presidentas y primeras ministras) gobernando los alrededor de 200 países que conforman el mundo.  Todavía celebrando un día específico para reivindicar qué, como si las horas que dedican las mujeres al hogar no hubieran bajado de 7 u 8 al día a 3 o 4, sólo tres veces más de lo que dedican los hombres.; como si las compras domésticas que antes hacían las señoras al 100% no hubieran bajado hasta el 70%. Qué antigualla, continuar celebrando un día al año, cuando  el salario de las mujeres respecto a los hombres sólo es menor en un 22%. Yo no sé por qué las mujeres no  exigen que se elimine de una vez por todas ese ignominioso día de celebración, cuando en México no se llega ni a 2000 feminicidios al año,  y poco más de 15.000 violaciones. Y  qué decir del paraíso español, donde la cifra de muertes por violencia de género es ridícula,  apenas 60 anuales. Si hasta las mujeres egipcias pueden ya casi conducir, y hasta van a permitir a las musulmanas jugar a fútbol con el velo.  Y a las adúlteras en países que aplican la lapidación les van a reducir el número de pedradas o incluso a sustituir por unos cuantos latigazos. ¡Si hasta algunos imanes -como el de Terrassa- en un alarde de sensibilidad aconsejan a los hombres que en lugar de romperle los huesos peguen a sus mujeres sin que les queden marcas!  Yo no sé por qué hay que continuar manteniendo esa vergonzosa celebración internacional del 8 de marzo cuando la ablación de clítoris ya sólo se practica en 30 países y en la provincia catalana de Girona.  Y menos aún entiendo que se siga diciendo que hay discriminación laboral cuando se trae a miles de mujeres  de países de América Latina o de los llamados del este y se las coloca en suntuosos burdeles que ya quisiera yo para mí, “retozando” 20 horas al día ¡Y encima quieren cobrar! Y más que mejorará la situación- sobre todo en Cataluña- con la creación del macrocasino Euro Las Vegas. Siempre será mejor tener putas de lujo en los hoteles, como dice Duran Lleida, que desperdigadas por ahí, afeando nuestras carreteras, con lo mucho que han ganado  en visibilidad y seguridad vial y el dineral que nos han costado. De 7000 millones de personas que tiene el mundo, que 1,39 millones de mujeres y niñas sean objeto de explotación sexual  es un irrisorio 0,01%. En fín, que yo no sé qué quieren las mujeres, que no están contentas con nada y no saben valorar el progreso social. Anda y que les den.