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La huelga de las bellas durmientes

¿Qué pasaría si todas las mujeres del mundo se quedaran dormidas de pronto y no despertaran? Según Stephen King en su nueva novela, Las bellas durmientes, el mundo sería mucho peor.

Una pequeña prueba de lo que podría pasar en el mundo sin tener que dormirse indefinidamente (qué pena, de todas formas) lo podremos comprobar si el 8 de marzo próximo totas las mujeres siguiéramos la huelga impulsada por diferentes colectivos feministas. Tradicionalmente las huelgas han estado dirigidas a paralizar el mundo del trabajo remunerado, y han sido convocadas por sindicatos, partidos o diferentes grupos y entidades y las mujeres, como trabajadoras en los diferentes sectores económicos, se han añadido, según los casos, junto con los hombres. Pero nunca las reivindicaciones propias de las mujeres o los problemas con los que hemos de lidiar cada dia ha propiciado una llamada para parar el mundo, más allá de algunos intentos que no han llegado a cuajar.

La huelga que se convoca para el 8 de marzo no sólo pretende paralizar el mundo del trabajo convencional, sino precisamente hacer visible todo el trabajo no remunerado, precario, invisible, menospreciado e infravalorado pero imprescindible que realizan mayoritariamente las mujeres: atender la casa y mantenerla habitable, cuidar de las personas dependientes y de las criaturas, encargarse de las mil y una necesidades que toda persona tiene pero que pasan inadvertidas para la mayoría de la gente.

La huelga también quiere denunciar la situación de discriminación laboral que padecemos, la brecha salarial que hace que cobremos entre un 16% y un 26% menos que los hombres, según los casos; el techo de cristal que nos dificulta o impide llegar a los puestos de decisión, el acoso y la violencia sexual que hemos sufrido de manera generalizada, y no solo las actrices de Hollywood; el consumismo y la presión que ejercen la industria de la moda y la belleza con la imposición de un canon estético inalcanzable.

Creo que hay suficientes razones de peso como para dar apoyo a esta huelga, a ver si la sociedad toma conciencia de que las reivindicaciones de las mujeres son importantes y que no se pueden dejar de lado para cuando todos los demás problemas se hayan solucionado (ja, ja).

Mujeres, tomaos el dia 8 de marzo como un dia de asueto. Charlad con vuestras amigas, familiares, vecindario. Id a la manifestación y no movais un dedo en todo el dia. Que muevan el culo los hombres que teneis al lado, a ver si pierden al menos un poco de barriga.

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8 de marzo 35 años después

Acabo de llegar de la manifestación que se ha celebrado hoy en Barcelona con motivo del dia 8 de marzo. La verdad es que hacía tiempo que no participaba. En los últimos años consideraba que eran las más jóvenes las que tenían que tomar el relevo en estos asunto. Pero el retroceso en los derechos de las mujeres, los recortes, la nueva ley del aborto, la brecha salarial, la precariedad laboral,  la práctica desaparición de la Ley de dependencia, la violencia real y simbólica que se abate sobre nosotras es tanta que hoy he vuelto a la calle a gritar, junto con miles de mujeres más, que nosotras parimos y nosotras decidimos; que queremos un aborto libre y gratuito; que a igual trabajo igual salario. Que la maternidad es un derecho que muchas jóvenes no pueden hacer realidad porque peligra su trabajo; que nuestros cuerpos, en fin, nos pertenecen. Los mismos eslóganes que coreábamos cuando yo tenía veinte años, hace más de 35.

Y lo mismo que yo han debido pensar muchas de mis coetáneas, porque me he encontrado con casi todas las mujeres con las que coincidía en las “manis”, todas ya con el pelo blanco, con arrugas, con unos kilos de más, pero con la misma actitud de reclamar derechos que ya creíamos consolidados. Había chicas más jóvenes, es verdad, con enormes tambores que producían un gran estruendo, y bastantes hombres. Han cambiado algunas cosas, como la incorporación de  “trabajadoras del sexo” con los pechos al aire y también un grupo de mujeres con pañuelo en la cabeza reclamando su derecho a vestir como deseen. Lo que no ha cambiado es que aprovechando la coyuntura también se han añadido algunos partidos políticos, cada uno con lo suyo.

Ha sido un gusto unirse a la marea violeta, mujeres aporreando los tambores y bailando mientras las demás a su alrededor batíamos palmas y coreábamos consignas no por antiguas menos necesarias; desde las aceras muchos hombres y mujeres observaban el desfile, no sé si con cara de sorpresa o de curiosidad. Y en el resto de las ciudades de España se han celebrado manifestaciones similares porque nos hemos dado cuenta de que el feminismo es hoy más necesario que nunca. Que no podemos perder lo que tanto esfuerzo había costado ganar. Lo único que me preocupaba un poco es que los Mossos d’Esquadra acordonaban las calles, expectantes, y que a algunos descerebrados se les hubiera ocurrido armar un jaleo imprevisto. Sólo habría faltado que hubiéramos tenido que salir corriendo. Muchas de nosotras, francamente, ya no estamos para esos trotes.


¿8 de marzo? ¡Qué antiguas!

 Qué antiguas, todavía celebrando el día internacional de las mujeres como si estuviéramos en 1911, como si la sociedad no hubiera cambiado nada, como si las mujeres en la RAE no hubieran pasado de un 0%  a primeros de siglo XX  a un 12% a principios del XXI; como si las mujeres en los consejos de administración no hubieran alcanzado ya la notoria cifra del 14%,  y como presidentas de empresas un muy digno 3,4%. Todavía hacen como si no hubiera  casi 20 mujeres (10% entre presidentas y primeras ministras) gobernando los alrededor de 200 países que conforman el mundo.  Todavía celebrando un día específico para reivindicar qué, como si las horas que dedican las mujeres al hogar no hubieran bajado de 7 u 8 al día a 3 o 4, sólo tres veces más de lo que dedican los hombres.; como si las compras domésticas que antes hacían las señoras al 100% no hubieran bajado hasta el 70%. Qué antigualla, continuar celebrando un día al año, cuando  el salario de las mujeres respecto a los hombres sólo es menor en un 22%. Yo no sé por qué las mujeres no  exigen que se elimine de una vez por todas ese ignominioso día de celebración, cuando en México no se llega ni a 2000 feminicidios al año,  y poco más de 15.000 violaciones. Y  qué decir del paraíso español, donde la cifra de muertes por violencia de género es ridícula,  apenas 60 anuales. Si hasta las mujeres egipcias pueden ya casi conducir, y hasta van a permitir a las musulmanas jugar a fútbol con el velo.  Y a las adúlteras en países que aplican la lapidación les van a reducir el número de pedradas o incluso a sustituir por unos cuantos latigazos. ¡Si hasta algunos imanes -como el de Terrassa- en un alarde de sensibilidad aconsejan a los hombres que en lugar de romperle los huesos peguen a sus mujeres sin que les queden marcas!  Yo no sé por qué hay que continuar manteniendo esa vergonzosa celebración internacional del 8 de marzo cuando la ablación de clítoris ya sólo se practica en 30 países y en la provincia catalana de Girona.  Y menos aún entiendo que se siga diciendo que hay discriminación laboral cuando se trae a miles de mujeres  de países de América Latina o de los llamados del este y se las coloca en suntuosos burdeles que ya quisiera yo para mí, “retozando” 20 horas al día ¡Y encima quieren cobrar! Y más que mejorará la situación- sobre todo en Cataluña- con la creación del macrocasino Euro Las Vegas. Siempre será mejor tener putas de lujo en los hoteles, como dice Duran Lleida, que desperdigadas por ahí, afeando nuestras carreteras, con lo mucho que han ganado  en visibilidad y seguridad vial y el dineral que nos han costado. De 7000 millones de personas que tiene el mundo, que 1,39 millones de mujeres y niñas sean objeto de explotación sexual  es un irrisorio 0,01%. En fín, que yo no sé qué quieren las mujeres, que no están contentas con nada y no saben valorar el progreso social. Anda y que les den.