Archivo de la categoría: Comunicación

Nosotras los hombres

No es solo por la foto de los tres líderes de Podemos con el cartel de Nosotras detrás. Hace ya algún tiempo que algunos colectivos mixtos utilizan de manera regular el femenino genérico para referirse a ambos sexos. En las pintadas de las universidades se alude con frecuencia a TODAS (incluyendo a hombres y mujeres) y no es infrecuente en las intervenciones públicas y en las entrevistas que algún chico hable de Nosotras para referirse al colectivo

El genérico masculino ha incluido  tradicionalmente a hombres y mujeres porque el mundo ha sido definido por los hombres. Pero ya los hombres no son “la medida de todas las cosas”. Ya no representan a todo el género humano: ahora son solo una parte, igual que las mujeres representan la otra parte. La humanidad, dividida en dos (la crítica al binarismo la dejaremos para otro momento). Ahora ninguna de las dos mitades de la humanidad puede arrogarse la representatividad de la otra mitad.

Hasta ahí, todo bien, y si refleja un cambio según el cual  el femenino genérico puede representar a todo el género humano como tradicionalmente ha venido siendo con el genérico masculino, estupendo. Es un cambio que las lenguas van a ir teniendo que arrostrar hasta encontrar una fórmula satisfactoria.

Lo que ya no me parecería tan bien es que esta apropiación del Nosotras fuese una  operación estética, una máscara, un uso fraudulendo, interesado, oportunista para aparecer modernos, inclusivos y progresistas. Una pose, un postureo, una actitud políticamente correcta. El uso del Nosotras tiene que ir acompañado con presencia de mujeres en todas las circunstancias. No me vale un colectivo que hable con el genérico femenino pero que siga estando representado mayoritariamente por personas con apariencia masculina. ¿Una manera moderna de seguir ostendando el poder?

Si fuese así, chicos, preferiría que siguiéseis utilizando el Nosotros, porque al menos cuando hablárais públicamente Nosotras estaríamos seguras de que no estais usurpando nuestra voz.

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Docencia para el cambio social

Llevo más de 30 años dando clase en la Universidad Autónoma de Barcelona y hasta ahora no había disfrutado realmente con mi actividad académica. Imparto una asignatura sobre Comunicación y estudios de género y es una gozada preparar cada día el tema del que hablaré. Tanto disfruto que casi ni me parece que esté trabajando. Simplemente diserto de todos aquellos aspectos de los que hace tanto tiempo que escribo o reflexiono. Y la respuesta de las alumnas y alumnos es magnífica. Por eso me he atrevido a proponer un nuevo master sobre Género y Comunicación. Lo hice el curso pasado, pero Isabel Muntané y yo, como coordinadoras, no tuvimos tiempo material de prepararlo con tiempo. Así que este año sí que hemos apostado de lleno por esta nueva oferta docente. Como tenemos pocos recursos para publicitarlo, creo que este post puede ayudar a darlo a conocer más ampliamente. El master querría convertirse en un referente internacional para el estudio de este tema, así que pido a todas las personas que puedan hacerse eco de este postgrado, que lo hagan. Aquí os dejo el enlace a nuestra web así como a una entrevista en la que se habla ampliamente de esta nueva oferta docente. http://www.mastergenerecomunicacio.org/ http://www.laindependent.cat/index.php?option=com_content&view=article&id=5391%3Ajoana-gallego-qinconcebible-que-no-es-formi-en-genere-a-les-universitatsq&catid=124%3Aformacio&Itemid=168&lang=es


La sociedad ausente

PeriodismoSocialEn este post os presento mi  última  criatura, una reflexión sobre el “periodismo social”, que he escrito junto a mi colega María Luengo, de la Universidad Carlos III de Madrid. En él hacemos un recorrido por los escenarios, temas y protagonistas del periodismo social, a la vez que intentamos sistematizar un conjunto de hechos sociales que muchos no saben dónde situar.  Definimos el periodismo social como el lugar en que convergen la sociedad civil, las instituciones sociales y los individuos, a la vez que tratamos de identificar las tendencias y desafíos a los que la sociedad actual ha de hacer frente.


Bond, Jasmine Bond

Cada vez que se intenta dar un paso adelante, ni que sea pequeño, para equilibrar la balanza entre los sexos, ya sea en el trabajo, en la política, la economía o la cultura, aparecen los agoreros, los enterados, los sobrados, los listillos lanzando pullas con cara autosuficiente y despreciativa advirtiendo de que tales “pretensiones de igualdad” sólo son el intento de las mujeres de imponer lo que ya hace unos años Enrique Lynch denominó la “revancha de género”. Ahora la toca el turno al cine.

Se pongan como se pongan los que advierten ánimo de censura en la iniciativa de llamar la atención sobre la desigualdad en el mundo del cine, es más que evidente que las mujeres son una exigua minoría en esta industria, tanto tras las cámaras como delante de ellas. No llegan ni al 10% entre los directores, por poner el aspecto que adquiere más relumbrón.

Y por lo que respecta a los relatos, en pocas ocasiones aparecen las mujeres como sujetos que actúan en pos de sus propios intereses y deseos. La mayor parte de las veces su papel está afectado por las decisiones y deseos de los demás. Incluso en la muy celebrada y reciente  La vida de Adèle, de Abdellatif Kechiche,  veo mucho más la postura “voyeur” del director que las vicisitudes subjetivas de las dos actrices protagonistas, que son presentadas desde una mirada masculina que las observa con fruición, especialmente en las largas escenas de sexo.

Las mujeres casi siempre son meros accidentes, desencadenantes de la acción, elemento de disputa, motivo de tribulaciones para los auténticos protagonistas, esos que saben y conducen la trama. Ahí tenemos a la muy admirada Sandra Bullock en Gravity, que más que ingeniera espacial parece un ama de casa con problemas para saber cómo poner la lavadora. Una astronauta encargada de reparar sofisticadas naves espaciales al menos tendría que aparentar dominar un poco mejor los utensilios propios de su especialidad… o si no no la enviarían al espacio.

En fin, durante un siglo de cine las mujeres han sido las pacientes compañeras de los héroes de todo pelaje, y cuando no se amoldaban al papel de mujer sumisa y adoptaban sus propias decisiones, fuesen o no acertadas, se convertían en “mujeres fatales” que, cómo no, recibían el oportuno castigo por atreverse a transgredir las normas impuestas a su sexo.

Pero al menor intento de denunciar esta situación, no faltan las voces de aquellos que ven la larga mano de la censura-feminista. O la de las espías, como la famosa Bond, Jasmine Bond.


Manda güevos con la RAE

Sí, la Real Academia Española de la Lengua homenajea sus 300 años de existencia como sabe hacerlo…. con un anuncio tan rancio y zafio como la misma Institución que lo patrocina. ¿Qué se puede esperar de esta entidad que vetó la entrada de Gertrudis Gómez de Avellaneda en 1854, que no aceptó a María Moliner en 1972 y que después de 300 años de existencia solo Carmen Conde pudo entrar ¡en 1978! y todavía en 2013 cuenta con siete mujeres entre sus 43 miembros? Pero es que, además, en la Academia por lo visto aún tienen numeradas las perchas para el sombrero y el abrigo cuyos numerarios van corriendo conforme van desapareciendo, y se hablan de Usted y casi se hacen reverencias cuando se encuentran.

Más que sexista, el anuncio es antiguo, anacrónico, feo e insípido. Si al menos tuviera sentido del humor. Pero no. La situación descrita tiene lugar en la cocina, con una madre “incurta” y casi analfabeta que equivoca las palabras. La queja es, como siempre, por la limpieza, que le toca a ella… antes de que llegue EL PADRE,  por lo visto la gran autoridad de la casa, la gran amenaza para el niño díscolo.

Y gracias a esa Academia retrógrada, que aún mantiene entre sus definiciones que un “huérfano”  es  “una persona de menor edad, a quien se le han muerto el padre y la madre o uno de los dos, especialmente el padre” (RAE), esa mujer joven obsesionada por la limpieza, anclada en el  siglo XIX, como si en España no hubiera pasado el tiempo, como si las mujeres no estudiasen, ni fuesen capaz de hablar con corrección, gracias como digo al Diccionario de la Real Academia, y recurriendo al viejo tópico de “limpia, fija y da esplendor” la vemos hablar más que con corrección con petulancia.

¡Que Dios nos coja confesados si de tan vetusta institución tenemos que esperar un poco de modernidad en el uso de la lengua! Pues casi que prefiero a la mujer de la primera parte del anuncio,  con sus florescientes y sus ¡pero niño! antes que a la redicha y remilgada que aparece en la segunda. Que la Real Academia no haya encontrado mejor parecido para su diccionario que un paquete de polvos de lavar dice mucho de sus ilustres miembros. ¿Habrán dicho algo las siete miembras al ver el spot? ¿O las tienen entretenidas en la cocina? ¡Manda güevos!


Despelote transgresor

Hace tiempo que sigo las actividades del grupo Femen, pero no he querido escribir sobre el tema porque tenía sentimientos encontrados: por una parte me parecía interesante que esas mujeres lograran captar la atención de los medios, y a través de ellos los de la sociedad; pero por otra parte, mis prejuicios de mujer feminista madura me limitaban a la hora de aceptar el desnudo como una forma de lucha. Creo que ahora lo tengo más claro: ¿Qué es lo más transgresor en el islam y en muchos países de su entorno? Mostrar el cuerpo: pues benditas sean las mujeres que se atreven a ello. En occidente las mujeres están casi obligadas a desnudarse, de tal manera que aquí deberíamos hacer una manifestación vestidas con burka. Así sí que llamaríamos la atención. Pues si nos trasladamos a países donde los hombres mantienen un fuerte control sobre los cuerpos de “sus” mujeres, desprenderse de la ropa es una manera de enfrentarse a su poder.  A fin de cuentas esas mujeres que protestan despelotándose no lo hacen -o al menos no me lo parece- por exhibicionismo o por lucir el tipo o excitar sexualmente a la concurrencia. Si lo que más puede molestar a los hombres de sus países es que las mujeres se desnuden, pues a desnudarse tocan. Fuera togas, niqabs, hiyabs, pañuelos, refajos, corsés ¿no quemábamos los sostenes las mujeres de los años setenta? Si mostrar el cuerpo al desnudo, adornado con grafittis en los que las mujeres reivindican su libertad puede ayudarlas a liberarse de las cadenas patriarcales, ¿con qué derecho vamos a censurar ese activismo lúdico tan eficaz como inofensivo? Seguramente a muchos hombres les encanta ver los cuerpos de las mujeres ajenas, de las pecadoras occidentales que no tienen pudor, pero deben rabiar como perros cuando son las suyas, tan envueltas en sus rebozos, las que deciden desprenderse de sus ropajes, tan pesados y oscuros, y decirle al mundo que ellas también tienen un cuerpo que les pertenece. Como decíamos en mis tiempos mozos, con velo o sin velo nos toman el pelo. Pues que sean ellos los que se ofendan cuando cada día más mujeres decidan desprenderse de la cárcel que en muchos países puede representar un simple trozo de tela.


Presentación Putas de película

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Flanqueada por Ruíz de Villalobos y Carles B. Gorbs

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No hubo mucha gente, pero casi todas las personas que quiero y/o aprecio estaban, con lo que me sentí muy arropada. Los que están lejos no pudieron asistir, pero para eso pongo estas fotografías.