La igualdad mata

Los avances de las mujeres azuzan los miedos de los hombres. Ya escribí sobre esto en mi libro Eva devuelve la costilla (2010) y en otros posts, pero ahora lo han corroborado las ponentes que han asistido a la Women Deliver, una conferencia internacional sobre salud y derechos de las mujeres que se ha celebrado en Copenhague del 16 al 19 de mayo de 2016. Igual que se ha demostrado que el avance del feminismo y la igualdad de género beneficia la economía, la salud y la participación política de toda la sociedad, también exacerba la agresividad masculina y el rearme de los postulados patriarcales. ¿Por qué será?

Mientras las feministas fueron unas pocas locas que reivindicaban los derechos de todas, la mayor parte de los hombres miraban con paternalismo, con condescendencia, con desprecio o con indiferencia. Algunos se unieron a las luchas femeninas y se convirtieron en aliados del feminismo. Pero la extensión de estos ideales, la asunción por parte de cada vez más mujeres que ellas son tan sujetos de pleno derecho como los hombres y el cambio de conciencia experimentado a nivel individual por la inmensa mayoría de las mujeres del planeta, ha hecho saltar todas las alarmas en amplios sectores masculinos, que viven la imparable marea de reivindicaciones femeninas como una amenaza a su identidad y al poder que han detentado a lo largo de la historia.

Por eso una de las primeras formas para combatir la oleada igualitarista es desprestigiar a las feministas, llamándolas femi-nazis; después presentar las luchas femeninas como un ataque revanchista contra los hombres, siguiendo con la idea de que las mujeres se benefician de su condición, de las leyes y de todas las medidas de acción positiva que interpretan como privilegios para ellas, incapaces de entender y aceptar la desigualdad de la que los hombres han sido beneficiarios desde siempre.

En fin, apena oír por las redes sociales los comentarios de esas jóvenes mujeres que repiten como loros las razones de por qué no son feministas, convirtiéndose en aliadas del más rancio machismo cuyo objetivo, lejos de combatir la desigualdad es que nada se mueva para que todo siga igual. La igualdad mata, y va a seguir matando cada vez más, pues es el único clavo ardiendo al que se aferran todos aquellos incapaces de ver en la mujer una semejante, una igual.

Acerca de Juana Gallego

Profesora de periodismo en la UAB, periodista y escritora en ciernes. Ver todas las entradas de Juana Gallego

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