Sobre abusos y pederastas

Estos días asistimos a la detención de uno o varios pederastas, que al parecer se pasean por las calles y los barrios como Pedro por su casa. Me alegro. Si ya es terrible que haya violaciones y agresiones sexuales a mujeres adultas, que las víctimas sean niñas (y en menor medida, pero también, niños) es de una crueldad difícil de soportar. Y a pesar de ello los medios se empeñan en seguir utilizando la expresión “abusos” para referirse a las violaciones, con lo que no sólo no reflejan la monstruosidad que supone violar a una menor, sino que encima la palabra minimiza la acción. Abusar es  “usar o aprovecharse indebidamente de algo o de alguien en beneficio propio o ajeno” y también, en la acepción de “abusos sexuales”: delito consistente en la realización de actos contra la libertad sexual de una persona sin violencia o intimidación y sin que medie consentimiento.

El sólo hecho de secuestrar, raptar o engañar a una menor, llevarla a algún lugar y agredirla sexualmente ya constituye en sí mismo un acto de violencia intimidatorio: ¿cómo puede una niña, un niño de corta edad someterse a una práctica sexual si no es mediante intimidación?  ¿Qué sabe una criatura de estas edades lo que es el sexo, al menos en la realidad, aunque pueda tener nociones teóricas por todo el entorno cultural que nos rodea? Por tanto, lo que un hombre hace cuando agrede sexualmente a una menor no es sólo abusar de ella, eufemismo  que tiene, además, connotaciones mojigatas y moralistas (era una palabra que se utilizaba cuando yo era joven con falsa pudibundez para evitar una más contundente). Lo que hace, además de abusar por su mayor edad, autoridad, complexión, fuerza, etc. es violarla.

Y si la ley  considera que someter a prácticas sexuales a las menores sólo es abusar de ellas, lo que habría que cambiar es la lay, para que la palabra se ajuste a la realidad, y no la realidad a la palabra; para que refleje todo el horror que representa que un hombre adulto, con un pene monstruoso penetre en una vagina o un ano infantil con toda la violencia que debe poner en ello para conseguirlo.  Y si les parece que la frase anterior es demasiado cruda, piensen en lo que debe representar para una niña o un niño  que le introduzcan (o lo intenten) a la fuerza un órgano semejante por cualquiera de sus orificios.  Eso exactamente es la violación.

 

 

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Acerca de Juana Gallego

Profesora de periodismo en la UAB, periodista y escritora en ciernes. Ver todas las entradas de Juana Gallego

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