La fiera dormida

Soy de las que creen que la mayor parte de la gente es buena, pacífica, honesta, que cumple sus obligaciones, que es capaz incluso de levantarse a horas diabólicas para asistir a un trabajo que aborrece pero que le permite vivir con dignidad. Hay excepciones, claro. Como en todo.  Pero de la misma manera creo que todas las personas guardamos en nuestro corazón una fiera dormida. Esa fiera descansa la mayor parte del tiempo, pero está ahí, latente, aletargada, a la expectativa. Esa fiera puede despertar y entrar en erupción por cuestiones individuales o colectivas. Por lo que respecta a las individuales que exacerban a la fiera cada cual tiene la responsabilidad de aplacarla, de gestionar sus pasiones de manera que mitigue lo máximo posible el daño que pueda causar a otros o a sí misma.

En cuanto a las razones para despertar la ira colectiva del animal furioso que todos guardamos en lo más profundo de nuestra naturaleza, una de las más importantes es el sentimiento de injusticia, de agravio comparativo, de humillación. Cuando un grupo humano observa que unas aves de rapiña arrasan con los bienes comunes, roban, esquilman, abusan de su autoridad y de la confianza que en ellas se ha depositado, utilizan en su único provecho el lugar en que la gente las ha colocado, defraudan, cobran pensiones o finiquitos millonarios, evaden impuestos, almacenan millones en paraísos fiscales, utilizan el dinero de todos como si fuese suyo, y encima se ríen en nuestras narices, escapan de la acción de la justicia y continúan su vida de lujos y excesos como si no hubiera pasado nada… entonces las cientos, miles, millones de fieras dormidas pueden derpertar, alzarse todas a una y como Fuenteovejuna… dar rienda suelta a la rabia acumulada.

Por eso es tan importante que la justicia actúe, que los partidos hagan limpieza, que el gobierno dé explicaciones, que se depuren responsabilidades, que se garanticen los derechos de todos; que nadie, por muy alto que esté, quede impune de aquellos desmanes que haya cometido y que, ante la ausencia del castigo merececido, pueda incrementar el sentimiento de agravio de los demás. Una jauría de fieras humilladas puede caer en la violencia descontrolada, indiscriminada, funesta, terrible, irreparable… Pero si los poderes que tenían la obligación de evitar los agravios (gobiernos, partidos, justicia) miran para otro lado, se inhiben, no responden, no actúan, hacen como si no pasara nada…o incluso son ellos mismos quienen los inflingen ¿quien podrá reprochar el descontrol y la violencia que tal actitud pudiera generar?

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Acerca de Juana Gallego

Profesora de periodismo en la UAB, periodista y escritora en ciernes. Ver todas las entradas de Juana Gallego

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