La violación no existe

Eso es lo que piensa al menos el 90% de los hombres y quizá también un porcentaje menor de mujeres. La violación, creen, es un invento de las mujeres para sacar pasta y putear a los hombres. No hay más que leer los vomitivos comentarios que ha suscitado el acuerdo económico entre DSK y Nafissatou Diallo por la agresión sexual en el hotel Sofitel en mayo de 2011. Que una mujer pida justa reparación a quien la violó no merece más que comentarios hirientes, racistas, despreciativos. ¿Y por qué? Porque no se reconoce el deseo propio a las mujeres, ni su autonomía sexual. La sexualidad masculina, según el mito, incontrolable e irreprimible ha tenido a su disposición durante siglos a todas las mujeres:  a unas legalmente mediante matrimonio. A otras pagándoles por sus servicios. Y aunque se haya avanzado mucho en los derechos femeninos, todavía se sigue sin reconocer del todo el deseo de las mujeres y su derecho a usar su sexualidad como les plazca. De hecho, hagan lo que hagan siempre serán criticadas: si se niegan porque son estrechas y antiguas; si toman la iniciativa porque son unas trepas y provocadoras. Vean el último número de Vogue (el de diciembre) con fotografías de chicas muy sexis, o el anuncio de “tengo un plan”: aunque parezca que son mujeres liberadas, tanto la forma como el fondo las sigue presentando como un objeto de deseo y no sujeto deseante, por más que la joven de Desigual declare mil veces que quiere acostarse con él y punto. En el anuncio el objeto de deseo es ella, no su jefe. En vallas publicitarias, en la tele o en las revistas vemos siempre mujeres en actitudes invitadoras que parecen querer decir “tómame, estoy a tu disposición”.  La violación, por tanto, sería la extrema respuesta a esa invitación permanente a usar el cuerpo femenino. Por eso para la mentalidad patriarcal no existe como delito;  o si existe es valorado como un hecho menor. Hace falta reconocer que las mujeres son dueñas de su propio cuerpo, que tienen deseo propio y que tienen derecho a no ser juzgadas por el uso que hagan de su sexualidad. Mientras eso no ocurra la reparación económica exigible por una relación sexual no consentida será considerada como una recompensa inmerecida por haberle hecho a la violada un gran favor.

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Acerca de Juana Gallego

Profesora de periodismo en la UAB, periodista y escritora en ciernes. Ver todas las entradas de Juana Gallego

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