La vida en el centro

Un grupo de feministas que nos invita a tomar la plaza ha acuñado el término “trabajador champiñón” para designar a aquellos/as que llegan al trabajo comidos, lavados y planchados sin otra cosa por la que preocuparse que por producir para su empresa. Empresas icebergs (que muestran mucho menos de lo que ocultan) cuyo objetivo no es más que el de enriquecerse con desmesura, sin tener en cuenta que todos y cada uno de nosotros sólo disponemos de una corta temporada en la tierra. Denuncian también que este sistema se mantiene gracias al trabajo oculto y semi-gratuito de las mujeres. Digamos que aunque expresado de una forma un poco pedestre, tienen toda la razón. Y apuestan por un cambio de sistema que ponga en el centro la protección y el cuidado de la vida. Yo estoy de acuerdo con ellas.  ¿Y qué quiere decir poner en el centro la protección de la vida? Esta es mi propuesta: que todos los estados y gobiernos del mundo firmaran un protocolo por el que se comprometieran a trabajar y organizar sus países de tal manera que se garantizara para toda la población: 1) alimentación 2) calzado y vestido 3) vivienda digna 4) salud y cuidados 5) educación y cultura 6) investigación científica  7) desarrollo tecnológico 8) protección del medio ambiente  9) ocio y entretenimiento 10) industrias de lo superfluo (para que no digan).  Para conseguir estos objetivos los países dispondrían de ministerios que se encargarían de la organización de cada ámbito, promoviendo, incentivando, procurando que las iniciativas tanto públicas como privadas confluyeran para dar satisfacción a todas esas necesidades humanas. Seguro que todas están interrelacionadas y el orden expuesto no es más que orientativo, porque de alguna forma hay que visualizarlo. Este compromiso debería llevarse a cabo en el bien entendido de que hombres y mujeres trabajarían codo con codo con los mismos derechos y obligaciones, y que no habría ningún tipo de persecución ni discriminación por razón de edad, raza, creencia, apariencia, lengua, procedencia, inclinación sexual, clase, etnia, sexo y cualquier otra diversidad no incluida en esta lista que pudiera generarse en el presente o en el futuro. Todos esos sectores industriales seguro que proporcionarían suficientes puestos de trabajo como para garantizar la producción y reproducción de la vida humana, centro de toda organización social. Si además sustituimos las relaciones de dominación y competencia por las de colaboración y solidaridad, ahorraríamos un montón de dinero en defensa (ejércitos, armas, misiles, minas, bombas…). ¿Que esto es un panfleto, una utopía y además una ingenuidad?  Es posible, pero yo lo planteo con total seriedad. U organizamos el mundo de otra manera o no vamos a salir de esta.

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Acerca de Juana Gallego

Profesora de periodismo en la UAB, periodista y escritora en ciernes. Ver todas las entradas de Juana Gallego

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