Donjuanes no, depredadores sexuales

Yo dale que te pego con el mismo tema, dirán ustedes. Pero es que como sabemos muy bien las personas que nos dedicamos al estudio de la comunicación, de lo que no se habla es como si no existiera. Y yo quiero, al menos desde mi humilde blog, que circule la idea de que en la dominación masculina está casi siempre presente la componente de acoso o abuso sexual. Y la indulgencia con que se ha observado esta realidad por parte de la mayor parte de los estamentos sociales: iglesia, gobiernos, policía, justicia, medios de comunicación… El abuso sexual, disfrazado en ocasiones de enamoramiento, de conquista,  de obsesión, de pulsion pasional ha sido jaleado, promovido, inducido, tolerado e incluso envidiado No hay más que ver la admiración que siempre ha despertado la figura del Donjuán. ¡Como mola vanagloriarse de haber accedido carnalmente con una niña de 13 años! (Polanski), ¡qué machote pretender hasta la humillación a las actrices a las que diriges! (Hitchcock), ¡qué guay casarte con una muchacha de 16 años tras un largo acoso! (Charlot), ¡qué satisfacción yacer con la sobrina adolescente de tu mujer! (Bioy Casares)… y no sigo, porque la lista es interminable. Depredadores sexuales, cazadores de mujeres, a las que unas veces consiguen con el consentimiento de ellas y otras veces a la fuerza. Los depredadores sexuales apareciendo como seductores irresistibles (Straus Kahn), todo el mundo riéndole las gracias. Leo estupefacta cómo la gran estrella de la BBC, Jimmy Savile, abusó durante años de cientos de menores (niñas y algunos niños) mientras todo el mundo hacía la vista gorda… ja, ja, qué risa. La estrella de televisión, escudado en su fama, arropado por sus millones violaba a placer mientras repartía dinero o prebendas para tapar sus tropelías.  Y las víctimas a callar. Eso es lo peor del abuso sexual, que las víctimas no pueden hablar, porque nadie las cree, porque es humillante para ellas y para sus familias, porque encima te van a echar la culpa de haber provocado tu propia violación, porque eres una mentirosa y tienes mucha imaginación. Porque sientes vergüenza de ti y crees que eres culpable. Porque mientras la víctima se hunde en la desesperación del silencio, el depredador se pasea impunemente admirado por todos, ya que a veces son escritores famosos, directores de cine geniales, estrellas de la televisión, gobernantes reconocidos o incluso Premios Nobel de la Paz. Basta ya de donjuanes. Hay que desenmascararlos y llamarlos como lo que son. Hay que acabar con la indulgencia para el depredador sexual.

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Acerca de Juana Gallego

Profesora de periodismo en la UAB, periodista y escritora en ciernes. Ver todas las entradas de Juana Gallego

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