Que se mueran las feas

¿Quién se atrevería a mantener hoy día que la sociedad debería descansar sobre la división sexual del trabajo? Ningún intelectual, y muy pocos personajes influyentes, so pena de perder su prestigio, estarían dispuestos a seguir afirmando que las mujeres deben seguir siendo el sexo subordinado y los hombres el sexo dominante. Sólo aquéllos que se aferran a clavos ardiendo para mantener sus privilegios. Aunque sólo sea por parecer “modernos” o  políticamente correctos, la mayoría sostendría hoy que hombres y mujeres deben tener los mismos derechos y deberes, las mismas posibiliades, idénticas oportunidades. Visto así, el patriarcado real estaría en fase de desaparición -sobre todo en las democracias liberales-, y su imagen bastante deteriorada en la mayor parte del mundo. Por eso afirmo que el patriarcado se ha deslizado de lo real a lo simbólico. Si ya no es posible seguir legitimando la desigualdad por razón de sexo, las mujeres lo van a seguir teniendo mucho más difícil en aquellos órdenes de la vida sobre los que es difícil cuando no imposible legislar: las creencias, las tradiciones, los valores dominantes, la ideología, las imágenes, los mensajes, la publicidad. Uno de los más importantes órdenes simbólicos es el que atañe al culto al cuerpo. Si para las mujeres siempre ha sido importante el aspecto -hasta el punto de que en las crónicas de sociedad si no era posible referirse a una mujer como hermosa al menos había que considerarla gentil- en la actualidad es crucial. El tándem belleza-juventud-delgadez se ha impuesto de tal manera que a las mujeres mayores de 45 años, a las feas y a las gordas no nos queda más remedio que morirnos. También a los hombres les empieza a afectar este trinomio, pero la presión social es atroz en el caso de las féminas. La batalla perdida en la que todas estamos embarcadas contra arrugas, flaccidez, michelines, celulitis, bolsas, ojeras, cartucheras, grasa, canas etc. nos va a llevar a la tumba. O al museo de los horrores, porque la no aceptación del cuerpo femenino en su inmensa diversidad, la feroz resistencia contra el paso del tiempo, está produciendo rostros clónicos que hará que no podamos distinguirnos las unas de las otras. ¡Qué susto, ir por la calle rodeadas de legiones de Titas Cerveras, Belenes Estaban o Anas Obregones!

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Acerca de Juana Gallego

Profesora de periodismo en la UAB, periodista y escritora en ciernes. Ver todas las entradas de Juana Gallego

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